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 La dama de la caballeria de cabello escarlata.

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Sadin Manson

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Fecha de inscripción : 13/02/2012
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Localización : Bastion de Erina

MensajeTema: La dama de la caballeria de cabello escarlata.   Lun Mar 05, 2012 2:17 pm

Cuenta: Diosa_de_la_pesadilla_eterna
PJ: Giselle L. Wingates
Clase: Clerigo
Deidad: El Hacedor

Descripcion:

Una joven de 22 años, de cabellos rojo escarlata, ojos azul claro, de constitucion fuerte, de 1,75 cm de altura, siempre vistiendo su armadura dorada, de fuerte voluntad y mirada penetrante, su fe y su dispisicion hacer las cosas es inquebrantable, su sola presencia te hace sentir que es una persona en la que puedes confiar y que no te fallara.



Azul como el Zafiro y rojo como el rubí.

Toc toc toc, toc toc toc, el silencio se veía interrumpido por los incesantes aporreos de una puerta, entre golpe y golpe se escuchaba una voz que no paraba de pedir ayuda, se levanto de su cama y abrió la puerta, la noche era gélida, la tormenta no dejaba ver mas allá de tres cuerpos de distancia, solo se podía divisar a un hombre, armado de una antorcha y un abrigo, al verlo sabía que era lo que pasaba y se dirigió a por su maletín y un abrigo, salió y se internaron los dos en la oscuridad.

La noche volvía a ser silenciosa, Toc toc toc, de nuevo aquel ruido volvía a interrumpir, un niño de no más de 10 años abría la puerta, dejando entrar a los dos hombres que se hallaban frente a ella, los gemidos de una mujer se escuchaban en el fondo, los dos hombres se dirigieron hacia allí, mientras el niño cerraba la puerta con esfuerzo, pues el viento helado deseando entrar, arremetía contra la puerta.

Sudor, dolor y lágrimas, así pasaron las horas, hasta que un llanto resonó por toda la casa, por fin había nacido la cría, una niña de cabellos como el rubí y ojos como el zafiro, su madre la miro y la llamo Giselle Lowell Wingates.
La infancia de Giselle fue tranquila y apacible, era una chica bastante feliz y espontanea, todos en el pueblo la querían, a medida que fue creciendo sus cabellos escarlata llamaban cada vez más la atención, eran hermosos y brillaban bajo el sol, muchas niñas sentían celos de ella, pero ella siempre se las ingeniaba para ser amiga de todos.

A los 6 años, solía bailar en la puerta de su casa y jugar con los demás niños en la plaza del pueblo, el pueblo era bastante apacible y alejado, por lo que el silencio y la naturaleza rebosaba por doquier, la primavera era la mejor época, pues siempre se festejaban las fiestas del pueblo, así transcurrieron los años, hasta que Giselle cumplió los 8 años.

Sangre, Dolo y cenizas.


La noche de primavera, vísperas de las fiestas del pueblo, Giselle se encontraba en su casa con sus padres y hermano, discutiendo de lo que llevaría a las fiestas y lo que bailaría y cantaría con sus amigas, se sentaron a la mesa dispuestos a comer, cuando las risas fueron apagadas por un gran estruendo.

Las ventanas se iluminaron de un naranja brillante, el silencio de la noche se volvió un ruido insoportable de gritos, llantos y golpes de acero, su padre se asomo por la ventana, el fuego se extendía por doquier, los bandidos atacaban el pueblo, mataban a todo el que se interpusiera en su camino, los campesino armados de su herramientas de trabajo, intentaban defender a sus familias, aunque sin éxito, su padre la cogió de la mano y salaron los cuatro de la casa, corrieron a esconderse, pero no había sitios para huir, el caos estaba por doquier, uno de los bandidos se abalanzo por ellos, su padre la soltó y lo detuvo, mientras este forcejeaba con él, gritaba “Correr, ponles a salvo”, su madre los cogió a los dos y corrieron hacia el bosque, sin darse cuenta de que dos bandidos les habían visto, intentando esconderse entre la maleza, uno de ellos ataco a la mujer, el pequeño hombrecito de tan solo 13 años, armado de valor por defender a su madre y hermana, se abalanzo con una piedra a por el bandido, rodaron por la ladera cuesta abajo y se despeñaron por el risco, la madre llena de dolor y pena cogió a la pequeña niña, quien no podía creer que su hermano había caído por el barranco, mientras huían, su madre se detuvo, su camisa se tiño de rojo, una flecha le había alcanzado por la espalda, dejo a la pequeña en el suelo y con voz muy débil “Sálvate, corre hasta que no puedas mas y escóndete”, Giselle muerta de miedo, no podía comprender palabra y sin poder moverse, vio como su madre se desplomaba frente a ella, unos paso se acercaban hacia ella, el bandido, mirándola, cuchillo en mano, se disponía a matarla, cuando todo parecía ya perdido, un tridente desde la oscuridad apareció, matando al bandido, era uno de los del pueblo, la cogió en brazos y salieron de allí, tras caminar mucho, llegaron hasta un claro, donde se reunieron los pocos que quedaron y marcharon en la oscuridad de la noche, hacia el este, en busca de ayuda y refugio.

Nuevo hogar, una vida religiosa.

La dura y fría noche se hizo eterna, caminando sin descanso y sin apenas haber comido nada, el dorado amanecer por fin ilumino su destino, habían llegado al pueblo vecino, el cual se ubicaba a unos 30 kilómetros de distancia.

A su llegada, los campesino y algunos soldados del pueblo, salieron en ayuda de ellos, pues habían visto la luz anaranjada del fuego que se levantaba, montaron guardias durante toda la noche, a espera de que llegaran para poder socorrerlos, uno a uno se fue acomodando en el pueblo, algunos tenían familiares, otros amigos, algunos con suerte habían logrado sacar algo de oro y cosas de valor para comprar alguna casa o alquilar una habitación mientras lograban salir adelante, sin embargo Giselle, parecía ser una carga para todos ellos, pues se turnaban para cuidarla, así pasaron algunos días, hasta que todos lograron seguir su vida, decidieron dejarla en la iglesia con el sacerdote, pues tenía habitación y comida para ella, la iglesia no tenía problemas de hacerse cargo de ella.

Pasaron los días, las semanas, los mesas, hasta que por fin pasaron 2 años, Giselle ya tenía 10 años de edad, hacia las labores de la iglesia con el sacerdote, ayudándole a pasar la cesta de la limosna, con las ceremonias y las misas, ya no era la niña alegre que era antes, se le veía seria y bastante madura para su edad, siempre estudiando las lecciones, aprendiendo sobre la sanación y el cómo usar los poderes divinos, pues el sacerdote la había estado entrenando en las artes divinas.

Giselle siempre encerrada en la iglesia, estudiando y aprendiendo, no tenia permitido salir al exterior, pues el sacerdote veía eso como una distracción para ella y una pérdida de tiempo para aprender sus lecciones, ella se dedicaba a ver por la ventana del despacho del sacerdote, los niños jugar y correr por el pueblo, viendo los movimientos de estos y como Vivian en la ignorancia del conocimientos sin preocupaciones, pues ya no le interesaban los juegos, solamente tenía una cosa en mente, ser la mejor clérigo, para así poder salvar a la gente y no le ocurriera lo mismo que ella.

Pasaron 3 años y Giselle se estaba convirtiendo en una gran aprendiz del sacerdote, realizaba ya curaciones de heridas graves a los pueblerinos que se accidentaban en el campo, así como dar las bendiciones aquellos que se iban a la guerra o simplemente trabajaban en la guardia del pueblo, pues se sentían más seguros si eran bendecidos por el Hacedor, el dios que ella seguía y le habían inculcado.

Amigo, el chico del cabello dorado.

Una mañana el sacerdote le dio un pergamino con unos recados que tenía que realizar, por fin, era la primera vez que salía de la iglesia y podía pasear por el pueblo, se dirigió a la plaza, donde se ponía el mercado local, paseando por el mercado viendo ropa y realizando las compras que le había encargado el sacerdote, tropezó con un joven chico de unos 12 años de edad, cayendo los dos al suelo y cayéndoseles las bolsas que llevaban, se quedaron viendo los dos a los ojos sin decir nada, se levantaron y pidieron disculpas mutuamente, tras presentarse y ver que tenían alguna compras en común, decidieron ir juntos a realizarlas, mientras compraban, se fueron contando sus pequeñas aventurillas, así como lo que les gustaba y lo que les disgustaba, poco a poco se fueron haciendo amigos, hasta que por fin acabaron sus compras cada uno se fue por su lado, se dirigió a la iglesia a dejar sus encargos y a volver a sus estudios, mientras en su mente solo pensaba en un nombre “Aranir”.

Pasaron las semanas y algunos mesas, se encontraban en el mercado, pues se las ingeniaban para que les mandaran los recados los mismos días, cada día que pasaba, eran más amigos y se confiaban muchos secretos, para Giselle, él era el primer amigo que tenía en el pueblo y no pensaba dejarlo, pues por fin tenia alguien con quien hablar y compartir sus cosas.

Recordando aquellas conversaciones en el mercado, Giselle se asomaba por una de las ventanas de la iglesia que daban a la parte de atrás, donde había un frondoso árbol y un gran descampado, desde allí veía a su amigo Aranir practicar con la espada, pues le había contado que estaba siendo entrenado por un paladín errante, el cual decía, que había visto algo especial en él y había decidido enseñarle el camino como siervo del Hacedor.
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Sadin Manson

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MensajeTema: Re: La dama de la caballeria de cabello escarlata.   Jue Mar 08, 2012 4:40 am

Pasaban los días, los estudios de Giselle sobre los poderes divinos y sus prácticas, se hacían cada vez más constantes, cada día le ponía lecciones nuevas, pues parecía que cada vez era más fácil para ella aprender y empezaba a coger bastante soltura en cuanto a las practicas con la magia divina, cierto día un comité de sacerdotes y monjas, vinieron al pueblo, se hospedaron en la iglesia, la cual tenía varias habitaciones, durante esos días, Giselle recibió clases extras de todos los integrantes del grupo, aumentando así su conocimiento de las artes de la sanación.

Cierto día, un hombre que parecía un poco descuidado, toco a la puerta de la iglesia, pidió si era posible que alguien acudiera al descampado que se encontraba detrás de la iglesia, desde la mañana hasta la tarde, pues necesitaba ayuda con cierto muchacho que estaba enseñando, Giselle al escuchar, corrió hacia el sacerdote, pidiéndole permiso de ocuparse de ese asunto, dando la escusa de que así sería una buena forma de practicar todo lo que él le había enseñado, el sacerdote accedió y quedaron en que ella iría ayudar al hombre en su adiestramiento, Giselle contenta, pues sabía que aquel muchachillo del que hablaban era su amigo Aranir y así podrían estar más tiempo juntos.

Al día siguiente, después de sus rezos y el desayuno, salió de la iglesia rumbo al descampado, cuando llego, vio al hombre dándole algunas lecciones del manejo de la espada al muchacho, ella sonrió, pues se efectivamente se trataba de Aranir, el joven muchacho sorprendido de verla, se distrajo de su entrenamiento y recibió un golpe del hombre con la espada de madera, cayendo al suelo y avergonzado de quedar mal ante su maestro y ante la joven chica, ella se apresuro hasta llegar a ellos y curo las heridas de Aranir, mientras el maestro regañaba a este por su torpeza y su falta de concentración, mientras practicaban los combates cuerpo a cuerpo, Giselle se dedicaba a leer y a practicar sobre sus estudios divinos, bajo la fresca sombra que le brindaba el árbol frondoso que se encontraba en aquel descampado.

El trabajo de Giselle en aquel lugar, era el de sanar las heridas tanto del paladín, como los de su amigo Aranir, así como enseñar a Aranir conocimiento sobre las doctrinas del hacedor, historia, conocimiento sobre las leyes de la iglesia y modales con distintos representantes de esta, aunque sería un trabajo bastante duro, pues Aranir parecía siempre estar distraído en otras cosas y no en lo que Giselle le enseñaba, además de ser terco y cabezota con sus cosas, lo cual parecía a ella divertirle demasiado, pues parecía gustarle esto de tener que lidiar con él para enseñarle cosas nuevas.

Pasaban los meses y el entrenamiento de los dos muchachos parecía llevar buen rumbo, los conocimientos de Giselle sobre las artes divinas, era bastante avanzado de lo que se esperaba en tan poco tiempo y Aranir había mejorado bastante sus artes del combate y su modales con las demás personas, seguía siendo bastante lento aprendiendo los poderes divinos, aunque su maestro tenía confianza en que llegaría a convertirse en un gran paladín.

Pronto pasaron tres años y la dulce muchachita se había convertido en una joven adolecente de 16 años, bastante estricta y de finos modales, pues el sacerdote le había inculcado unos modales dignos de la más ilustre caballería, Aranir un poco mas descuidado en ese aspecto, no era tan estricto como ella, aun así era agradable y servicial.

Pronto comenzaron a realizar pequeños servicios para la iglesia y la guardia, así como algunas peticiones de los campesinos, consistían en pequeñas tareas de protección, atrapar ladrones o realizar servicios a la comunidad, tales como curaciones, bendiciones, incluso alguno que otro bautizo, que el sacerdote no podía realizar por encontrarse fuera o en otros servicios.


La partida, las ansias de venganza.


Eran tiempos duros y las semanas pasaban lentamente, Aranir por fin había terminado su entrenamiento y estaba listo para partir, pues tenia ansias de ir al lugar que su maestro le había contado, el bastion donde todos los siervos del hacedor y grandes héroes del bien querían ir, el nombre de aquel lugar era “El bastion de Erina”.

El sacerdote cada dia asignaba nuevas tareas a Giselle en la iglesia y menos lecciones, el sacerdote cada año ms viejo, parecía delegarle todas las actividades a su pequeña dicipula, pues había servicios que requerían moverse eventualmente y el sacerdote no estaba en condiciones de realizarlas, los incesantes servicios le dieron a Giselle, la soltura necesaria para poder controlar perfectamente sus poderes divinos. Los dos muchachos que siempre estaban juntos, se veian cada dia mas separados, pues entre los encargos de ella y los pequeños viajes que realizaba con su maestro, no daban tiempo para estar los dos juntos y hablar de lo que les había ocurrido en sus respectivas misiones.

Un buen dia, Aranir vino a la iglesia en busca de Giselle, el joven muchacho parecía emocionado por algo, tras una larga conversación, el joven menciono que se iba a ir del pueblo, pues el maestro le había dado ya la bendición para poder ir solo y forjarse como un hombre, ella aunque emocionada por la noticia, pues su amigo por fin había terminado su entrenamiento y estaba listo, no podía dejar de sentirse triste por dentro, pues después de todo lo que habían pasado juntos, se tendrían que separar y ella poco a poco había cogido cierto cariño hacia el.

Tras algunos días de aquella noticia, una mañana temprano, cuando el sol estaba saliendo y el azulado cielo aun estaba anaranjado y brillante, el paladin errante, llamo a la puerta de la iglesia, recibido por el sacerdote, los dos hombres estuvieron hablando durante un largo tiempo, mientras Giselle desde la partde de arriba les veía, intrigada por lo que podrían estar hablando, pues casi nunca se les había visto hablar mucho entre ellos, cuando terminaron la conversación, se levantaron de uno de los banquillos de la iglesia, el sacerdote se fue hacer sus preparativos y el paladin se fue.
Unas horas mas tarde, Aranir vendría a ver al sacerdote, pues s maestro le había dejado una nota para cuando se levantase, donde decía que tendría que ir a ver al sacerdote y se despedia de el, pues su entrenamiento había terminado y este tenia que seguir sus viajes.

Tras una breve charla con el sacerdote, llamo a Giselle, esta se apresuro a llegar donde el sacerdote, pues creía que se trataba de algún otro servicio de la iglesia, al llegar se sorprendió de ver a Aranir, el sacerdote le dijo a Giselle que tenia que acompañar a Aranir en su viaje, pues era decisión de el y el paladin el que fueran juntos, pues parecía que tenían una gran compenetración los dos juntos y eso podría forjarlos mejor como siervos del hacedor, el sacerdote de un viejo baul que tenia en su cuarto, saco una armadura , la cual había pertenecido a una joven cleriga que habia muerto antaño en esa iglesia cuando estaba defendiendo a los pueblerinos de un ataque de Gnolls, el sacerdote en ese entonces era muy pequeño y habia sido aquella muchacha quien le ahbia inspirado para ser sacerdote y crear una iglesia en el pueblo, Giselle alagada por llevar la armadura de aquella joven, se paraparo para partir con su amigo y vivir sus grandes aventuras.

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Admin_Hiho

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MensajeTema: Re: La dama de la caballeria de cabello escarlata.   Jue Mar 15, 2012 9:14 pm

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MensajeTema: Re: La dama de la caballeria de cabello escarlata.   

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