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 Diario de un Bandido. (Danarek Raveen).

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Death's Paradise



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MensajeTema: Diario de un Bandido. (Danarek Raveen).   Jue Abr 07, 2011 10:59 am

Descripción física de Danarek


Es un humano varón de aproximadamente un metro ochenta de estatura. Sus juveniles rasgos faciales denotan que no ha sobrevivido más de veinte inviernos aun. Su cabello es de longitud media, tan oscuro como la noche, mientras que lo más destacable son sus ojos: el iris de estos es de color verde intenso, cual esmeralda.

Físicamente no parece un sujeto que destaque por su fuerza, siendo así una persona carente de la musculatura propia de un guerrero. Pero a cada paso que da, o a cada movimiento que ejecuta, puede notarse la agilidad y gracilidad que lo caracterizan.

Sus ropajes son siempre oscuros y extraños, camuflándose con las sombras de la noche, y agregándole un toque de misterio a su notable figura. Puede pasar desapercibido cuando lo desee, o bien puede atraer la atención siempre que lo necesite.

Diario de un bandido, Prólogo.

Sentí que me ahogaba, que algo presionaba mi pecho con fuerzas, mientras que a lo lejos veía la silueta de mis padres, desapareciendo poco a poco entre gritos y manchas rojas. Abrí los ojos repentinamente, alzándome con velocidad de aquel frío y sucio suelo. Llevé mi mano izquierda a mi rostro, y con el pulgar me libré de las lágrimas que poco a poco iban cayendo, y comencé a caminar, sin más, sin ver lo que quedaba atrás, sin ver lo que me rodeaba, sin querer pensar en lo que había soñado… mi paso se aceleraba, a los pocos segundos me encontraba huyendo de mi pasado, de mi presente, deseando con ansias un futuro mejor.


Última edición por Death Paradise el Dom Abr 29, 2012 3:38 am, editado 8 veces
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MensajeTema: Re: Diario de un Bandido. (Danarek Raveen).   Jue Abr 07, 2011 12:07 pm

Diario de un Bandido, Capítulo I, Recuerdos: El Escondite.


Mientras caminaba a paso veloz, mis pensamientos y recuerdos desolaban mi mente, la angustia me carcomía, pero yo solo tenía el impulso de seguir adelante, caminar y caminar. Cuando por fin logré pensar en otra cosa, sentí el frío de la noche en mi rostro, en mi cuerpo. Atiné a envolverme en mi capa y continuar. Las calles de Berekost eran frías y oscuras, interminables, bajo la luna de aquella noche invernal. Llegar a destino me tomó mucho tiempo, o al menos así lo sentí; caminaba a paso rápido, pero no era suficiente.

Hasta que por fin di con el edificio que buscaba: una casa de piedra oscura, acorde con el paisaje de aquella ciudad, con las ventanas bloqueadas por grandes tablones de madera, sujetos con clavos a los marcos. Me detuve frente a la puerta, una simple puerta de madera me separaba de mi destino. Extendí la mano derecha, con el puño cerrado, y, antes de golpear, inspiré profundamente, recobrando fuerzas. Golpeé tres veces la madera, conté hasta cinco y efectué un toque más.

Del otro lado pudieron oírse los cerrojos, que estaban siendo destrabados por alguien. La puerta se entreabrió y por esta se asomó un humano de rostro arrugado, denotando su vejez. También tenía una gran cicatriz marcada del lado izquierdo de su cara, producida por, aparentemente, un arma de filo. Me observó tan solo un instante, y me reconoció. Abrió un poco más la puerta, se separó de esta y me dejó pasar.

Al ingresar, el anciano cerró la puerta con todos sus cerrojos; jamás medió siquiera una palabra conmigo, o, al menos, yo no lo recordaba. Me aproximé a una de las antorchas que iluminaba a aquel rústico lugar, notablemente descuidado. Me detuve ante el fuego para retomar el calor. Luego, eché un vistazo a mi alrededor, para descubrir que, esa noche, solo el anciano se encontraba haciendo guardia en la puerta principal del escondite. “El viejo está solo… me están esperando.” Pensé en ese momento, al mismo tiempo que esbocé una leve sonrisa de la más pura satisfacción, me tenían miedo. Y yo lo sabía.

Me alejé de aquel cálido lugar, para llegar hasta la segunda puerta, a mis pies, oía como el viejo suelo de tablones de madera rechinaba a cada pisada mía. Accioné el picaporte con mi mano derecha, y me tomé unos minutos para observar escaleras abajo, el estrecho e improvisado pasillo, iluminado por varias antorchas a cada lado. Cada paso que daba, me adentraba más en el pasillo, y al mismo tiempo en mis pensamientos, recuerdos…

Mi vida, con sus veinte inviernos, estaba predestinada a esto. Recordé cómo mi padre solía entrenarme desde pequeño en este lugar, con diversas armas, con arcos largos, a pisar sin ser oído, relacionarme con la gente y aprovecharme de ellos, todo lo que sé lo aprendí aquí, pero siempre estuve equivocado. Creí que se me instruía para ser un simple asaltador de caminos, pero estas últimas lunas, comprendí que mi padre me entrenaba para vengarlo, él sabía lo que se aproximaba…

“Todo lo que sé está aquí, todo lo que conozco está aquí, y todo lo que detesto… eso también está aquí.”

Mas recuerdos seguían invadiendo mi mente…


Última edición por Death Paradise el Mar Feb 21, 2012 4:55 am, editado 5 veces
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MensajeTema: Re: Diario de un Bandido. (Danarek Raveen).   Vie Abr 08, 2011 6:40 am

Diario de un Bandido, Capítulo II, Recuerdos: Aprendizaje.


Poco a poco, con suma lentitud, me acercaba al final del pasillo. Me detuve a observar todas y cada una de las puertas, a destrabarlas con las ganzúas que colgaban de mi cinto y abrirlas, pero lo único que encontraba, eran habitaciones vacías. “Se agruparon todos en el salón principal”, pensé mientras proseguía el camino indicado por el pasillo.

Antes de llegar a la puerta principal, muchos recuerdos volvieron a flote en mi mente, la primera vez que estuve en este escondite y todo lo que viví aquí, mis memorias sobre aquellos tiempos… podía verlas tan claras y a la vez tan borrosas, cual fantasmas que se desvanecían al contacto, veía a los antiguos miembros, los que consideraba mis amigos, recorrer los pasillos, llenar el lugar… no como ahora. Esta soledad me llenaba de angustia, de dolor, y, finalmente, de rabia.

Cuando niño, el entrenamiento era duro, pero necesario. Me han enseñado a ser sigiloso, escurridizo, todo ladrón que se precie debía conocer tales habilidades y desarrollarlas durante cada preciso momento. También se me instruyó en las armas pequeñas, rápidas. Aunque se centraron en ese tipo de armas, tuve prácticas sobre el resto de las armas. En todo ello me destacaba del resto, a tal punto, que a pesar de ser joven, logré participar en algunos robos de notable importancia, todos ellos exitosos.

Todo el aprendizaje que había obtenido hasta el momento era útil, necesario, y lo recordaba a cada paso que daba por aquel largo y estrecho pasillo.

Cuando logré recobrar los sentidos, concentrarme, ya me encontraba a un par de pasos de la puerta que daba al salón principal. Revisé el bolsito que colgaba de mi cinturón, y de este extraje un anillo de color anaranjado, el cual me coloqué en el dedo índice de la mano derecha, mientras que murmuraba aquellas palabras que mi padre me había enseñado para accionar el útil artefacto mágico de invisibilidad.

“Ahora solo debo poner en práctica lo aprendido.” Me encorvé ligeramente hacia adelante, aminorando la marcha de mis pisadas, intentando no efectuar el más mínimo ruido. Por segunda vez esa noche, logré sonreír, pero esta vez fue una sonrisa de mayor satisfacción, placer, estaba festejando mi triunfo antes de tiempo, sabía que tenía chances de lograr mi objetivo, sabía que nadie me iba a detener, y sabía que esas ratas me estaban esperando.

Coloqué mi mano derecha en el picaporte de la última puerta, y la izquierda sobre el mango del estoque enfundado que llevaba al cinturón, e inspiré profundamente. “Llegó el momento.”

Abrí la puerta de par en par, ingresando al gran salón principal, y me di cuenta de que los ojos de casi cuatro decenas de cabezas se clavaban detrás de mí, en la puerta, para ver quién ingresaba.

En ese momento, el motivo de mi “visita” asoló mi mente, con recuerdos que no quería en ese preciso instante.


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MensajeTema: Re: Diario de un Bandido. (Danarek Raveen).   Sáb Abr 09, 2011 11:20 am

Diario de un Bandido, Capítulo III, Recuerdos: Traición y muerte.



Nadie podía verme, yo lo sabía, era imposible, aun así, pude sentir el temblor en mis piernas, y la ansiedad desolando mi pecho. Aunque fui capaz de mantener el silencio.

Mientras observaba cómo los unos y los otros se miraban con extrema curiosidad, uno de ellos se acercó hasta la puerta, y pude sentir cómo rozaba su brazo con el mío, al pasar demasiado cerca. Rápidamente tomé distancia, a lo cual el joven y sucio hombre, vestido con tan solo unos harapos, no se percató.

Desde un lugar más alejado y seguro, busqué con la vista a mi objetivo, y no tardé mucho en encontrar al único hombre que destacaba de la multitud, gracias a sus ropajes, para nada sucios y rotos como los del resto. Ese era Logard. Ese era el traidor.

¿Por qué ansiaba tanto su muerte? ¿Por qué no podía dejar a un lado los deseos de venganza? La respuesta, a mí me parecía simple: en ocasiones, sólo la venganza puede darle paz al espíritu. Paz era lo que en ese momento no tenía, y eso estaba por recuperar.

Con solo ver a ese vil ser, asesino de familias, a mi mente llegaba el recuerdo de mis padres, cruelmente asesinados, por ese tipo y sus hombres…

Si hay algo que siempre ha sido cierto, es que Logar pretendía el poder, no se conformaba con ser el segundo al mando del grupo, quería mayores riquezas, pero para eso debía sacarse de adelante a su amigo más fiel, al hombre que lo creyó un hermano: mi padre.

Todo ocurrió tres lunas atrás de mi “visita” al escondite, durante la noche y utilizando en ventaja el hecho de que nos encontrábamos durmiendo. Escuché los gritos de mi madre, y velozmente me levanté de mi dura y rústica cama, recorrí el pasillo que me separaba de la alcoba de mis padres, y al llegar allí, pude ver lo que sucedía: Logard se encontraba allí con tres de sus hombres. Uno tenía apresado a mi padre, el segundo lo apuñalaba una, y otra, y otra vez en el pecho, al tiempo que el tercero retenía a mi madre, dejándola ver cómo retiraban vilmente la vida de su amado… me enfurecí, y no dudé, no lo pensé dos veces antes de embestir al hombre que apuñalaba a mi padre y lanzarlo al suelo. Giré sobre donde me encontraba de pie, y le asesté un fuerte golpe en el rostro al que apresaba a la víctima, justo antes de que Logard pudiera alcanzarme y frenar mi delirio.

Forcejeaba y forcejeaba, no podía liberarme. Me hicieron arrodillarme, mientras que los dos hombres que logré abatir, se ponían de pie. Trataba de soltarme, pero era inútil. Recuerdo haber recibido varios golpes de los furiosos hombres, todos en mi rostro, y luego oír los gritos de mi madre, los mismos que me alertaron estando yo en mi habitación; alcé la cabeza para observar… pero era demasiado tarde, la daga estaba clavada en su espalda, y ella inmóvil, tendida sobre su cama, junto a su esposo; ambos recubiertos por el manto color rojo de la sangre.

De la mezcla de sentimientos que me invadían en ese momento, la impotencia, la tristeza y la ira, eran las que más se destacaban, no podía creer lo que estaba pasando, quería detener todo, volver el tiempo atrás, llegar a tiempo y salvar a mis padres. Pero eso no era posible, y además me encontraba a merced de aquellos cuatro asesinos, así que me resigné a toda posibilidad, sólo aguardaba sumiso, mi final.

Pero, de repente, se escuchó cómo alguien golpeaba la puerta frenéticamente, llamando a los dueños de casa. “Quizá alguien alertado por los gritos…”, pensé, mientras que un par de lágrimas caían por sobre mi rostro, sentí que lo había perdido todo, nada me quedaba ya. En ese momento, me daba lo mismo ser rescatado, o sufrir un final como el de mis padres, solo quería que se terminase esa situación.

Pero afuera insistían, golpeando la puerta. Los cuatro hombres se miraban y susurraban cosas que yo no entendía, hasta que se oyeron los gritos del afuera: “¡En nombre de la Guardia de Berekost, se os ordena salir del lugar! ¡De lo contrario tiraremos la puerta abajo!”. Ese grito, del guardia molesto, fastidiado, seguramente por tener que hacer todo esto y a esta altura de la noche, les bastó a los cuatro para huir por la ventana del dormitorio, por donde habían ingresado, y dejarme en libertad. Observé a Logard salir último, y fruncí el entrecejo, furioso, mientras que las lágrimas no dejaban de brotar, y la angustia me carcomía. “Si la guardia me ve aquí me retendrán, quizá piensen que yo soy el asesino, quizá no me crean como hijo de ellos…”. Inquieto por la situación, opté por cobrar mi venganza a toda costa, y huir por el mismo lugar que los bandidos, poniéndome de pie y, acto seguido, saltando hábilmente por la ventana. Caí de pies en el suelo, y, muy sutilmente, escapé por donde nadie me viera, recorriendo las frías y desoladas calles de Berekost, bajo la noche invernal.

Ese era el motivo de mi venganza. Y ahí estaba yo, frente a mi enemigo, mi objetivo. Sabía que no podía fallar, así que comencé a caminar con lentitud hacia él, desenvainando poco a poco el estoque que portaba al cinturón.

“Morirás.”


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MensajeTema: Re: Diario de un Bandido. (Danarek Raveen).   Miér Abr 13, 2011 4:45 am

Diario de un Bandido, Capítulo IV, Sed de venganza incontenible.


Lentamente me acercaba al traidor, sosteniendo el estoque con mi mano derecha. Sin embargo, no iba a acabarlo de un solo golpe, quería hacerlo sufrir, que sienta el dolor que mis padres han sentido, y que yo siento.

Me coloqué solo a dos pasos de él, que se encontraba distraído hablando con uno de sus hombres. No presté atención a esa conversación, pero si caí en la cuenta de una cosa: al dar el primer golpe, el efecto de invisibilidad se perdería, y todos en la sala podrían verme. Decidí esperar a que se aleje del lugar, lejos de la vista de todos. Luego de esperar tan solo unos minutos, lo vi introducirse en el gentío para llegar a la única puerta que no era la de salida. Era la habitación de planeamiento, donde mi padre y Logard se reunían a planear los movimientos del grupo.

Intenté seguirlo, tratando de no tocar a nadie, lo cual se me hiso realmente muy difícil y me tomó bastante tiempo. Pero la suerte me sonreía de momento, porque el asesino se detuvo a hablar con otro de sus hombres frente a dicha puerta, y llegué justo a tiempo para oir las últimas palabras.

Desconocido: … estas cosas deberíamos hablarlas allí dentro, son parte del plan.

Logard: Tenéis razón, Vured. *Se gira levemente sobre su lugar, extendiendo la mano derecha, y acciona con ella el picaporte de la puerta, la cual abre, y, acto seguido, se adentra en la habitación.*

Vured: *Lo sigue y rápidamente ingresa al cuarto.*

Velozmente logré entrar yo también, antes de que Logard cerrase la puerta con llave. Observé el interior del lugar, y era como lo recordaba: una mesa redonda y dos sillas enfrentadas, con unos cuantos pergaminos y carboncillos sobre esta. Cada uno se sentó en su respectiva silla, y comenzaron a debatir sobre diferentes robos posibles. Tal parece ser que ese Vured era el segundo de Logard. Y no me importaba quién fuere, moriría igual, puesto que no podía dejarlo verme torturando al traidor. Así que me posicioné detrás de él, coloqué la punta del estoque sobre su cuello, y lo atravesé, sin pensarlo dos veces.

Lo vi llevar ambas manos a su cuello, a la herida que le había ocacionado, mientras que la sangre seguía cayendo a su cuerpo. Unos segundos después, cayó muerto sobre la mesa. Y Logard me miraba, la invisibilidad se había disipado. El gesto en su rostro era indescifrable, no sabía bien qué demonios era, si miedo, asombro, quizá pensaba como huir, probablemente era una mezcla de todo.

Logard: *Observando al recién llegado.* Danarek… sabía que vendríais, pero no esperaba que fuera de esta forma, ni tan pronto.

Danarek: *Limpia el arma con los ropajes del muerto, y luego posa su vista en su presa, cual depredador.* Momentos más, momentos menos, aquí estoy… buscando lo que me pertenece. Mi venganza.

Logard: ¡No la obtendréis tan fácilmente!

En el mismo momento en el que él exclamó aquellas palabras, se levantó de su silla, arrojándola al suelo, y tomando rápidamente la llave del bolsillo, se acercó a la puerta y dio dos giros en la cerradura, con dicho elemento. Pero no logró abrirla, me apresuré para detenerlo, lo tomé del brazo derecho y lo empujé hacia la mesa. Cayó sobre esta, e intento levantarse nuevamente, a lo que yo respondí clavándole el estoque en la mano derecha, para sujetarlo a la mesa.

Entonces él gritó de dolor, mientras veía su sangre derramarse sobre el mueble. El alarido recorrió cual veloz y enfurecido caballo, todo el lugar. Pero no me detuve, volví a tomar el arma con la mano izquierda, y con la derecha sostuve a la, ahora, victima, del cuello de su ropa. Dispuesto estaba yo a continuar con la tortura, cuando, repentinamente, alguien, alarmado por los ruidos, azotó la puerta, abriéndola.

Lo siguiente que recuerdo haber sentido, fue el frío y desgarrador acero de la espada, atravesando mi piel, mi carne.


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MensajeTema: Re: Diario de un Bandido. (Danarek Raveen).   Mar Ene 03, 2012 6:29 am

Diario de un Bandido, Capítulo V, Sobrevivir.


En ese instante, sentí que el tiempo no era tal cosa, todo se volvió lento, torpe, mi mente no lograba conectarse con mi cuerpo; y yo reaccionaba igual que mi entorno. Los sonidos se perdían en mis turbulentos pensamientos, y los que llegaba a entender, retumbaban en mi cabeza, aturdiéndome. Mi vista comenzó a fallarme, veía las formas borrosas, estas iban perdiendo el color ante mis incrédulos ojos, así que me limité a cerrar los párpados, y hundirme en la oscuridad. Y el dolor… el dolor era tan intenso, tan agudo, que no podía pensar en nada más, y, a causa de esto, se me entrecortaba la respiración, no podría mantenerme por mucho tiempo, yo lo sabía. Solo quería que esta agonía acabase pronto. Durante ese instante, yo quería morir, sucumbir ante el acero de la espada, que tan a traición atravesó mi dorso, cual escalofrío en noche invernal.

Repentinamente abrí los ojos, recuperando mis sentidos, el color, los sonidos. No era mi momento, recordé por qué no debía morir aun, no iba a dejar al asesino de mis padres con vida. Por esa razón, por venganza y rencor, retomé mis ganas de vivir. Esos escasos segundos fueron los más significativos de mi vida.

Pero tenía problemas: había mucha gente detrás de mí, y yo cargaba con una grave herida, que muy probablemente me causaría el último aliento.

El tiempo recobró su sentido, y me decidí. Lancé un fuerte codazo al rostro de mi agresor, el cual cayó abatido al suelo, dejando su arma en mí. Tomé mi estoque de la mesa, y me alejé como pude, solo dos pasos. Logard se puso de pie, y me observó con asombro. Sí, lo dejaría vivo, al menos hasta que me recuperara, entonces podría volver y hacerlo sufrir, ocasionarle todo el dolor posible. Estaba más enojado todavía, si eso era posible. Me acomodé el anaranjado anillo que llevaba en el dedo índice de la mano derecha, y murmuré las mismas palabras que pronuncié en aquel pasillo.

Comencé a caminar con dificultad, apoyándome en las paredes. A cada paso sentía el intenso dolor regresar a mi cuerpo, yo sacaba fuerzas de donde no las había, debía sobrevivir.

Gracias a la invisibilidad provocada por el artefacto mágico que mi padre me obsequió, logré salir de la habitación sin ser visto, y caminar pegado a las paredes del salón principal, ayudándome de estas. A los pocos minutos, estaba en el pasillo, agotado, dolorido, con la respiración muy afectada, pero con el impulso de seguir, lo crucé, y subí las escaleras que me separaban de la puerta que llevaba a la habitación inicial, arrastrándome. Me aferré al picaporte, e hice fuerza para lograr ponerme en pie, cosa que me costó demasiado, pero finalmente fue posible. Abrí la puerta, y observé al anciano, éste miró en mi dirección, pero no podía verme. Continué caminando hacia la puerta de salida, y me dediqué a destrabar los cerrojos. Al hacerlo, me giré para contemplar al anciano, que miraba sorprendido lo que acababa de ocurrir. De haberme encontrado en otro estado, probablemente hubiese sonreído. Pero el longevo hombre no se quedó quieto, se acerco para intentar descubrir qué era lo que sucedía. Lo alejé con un leve golpe en la frente, debido a lo cual, se disipó la magia de invisibilidad que me mantenía oculto. El viejo desistió en todo intento por detenerme, al percatarse de que era yo.

Abrí la puerta de par en par, y el viento de la fría noche invernal dio de lleno contra mi rostro, mi cuerpo. Caminé para salir hacia las calles, luchando contra el viento. Logré avanzar y caminar frente a un par de casas solamente, antes de que el dolor, la perdida de sangre, y la espada que seguía firme, enterrada en mi espalda, hicieran estragos en mi resistencia.

Caí de rodillas y cerré los ojos, lentamente...


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MensajeTema: Re: Diario de un Bandido. (Danarek Raveen).   Mar Ene 03, 2012 6:31 am

//Agregado el capítulo número cinco, y editados los otros cuatro en varios detalles, añadiendo así la descripción física del pj, anterior al prólogo.

A los que ya habían leído la historia, les recomiendo volver a hacerlo, y a los que no... ¿Qué esperan? xD

Por último, agregar que la historia continuará dentro del server cuando éste esté on.


Última edición por Death Paradise el Vie Ene 20, 2012 6:36 am, editado 1 vez
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Arioch



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MensajeTema: Re: Diario de un Bandido. (Danarek Raveen).   Jue Ene 12, 2012 10:16 am

Sigue asi buena historia apañero! Wink
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Admin_Hiho



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MensajeTema: Re: Diario de un Bandido. (Danarek Raveen).   Jue Ene 12, 2012 9:34 pm

Esta muy bien y esta muy logrado los flashbacks que has ido poniendo, bien ubicados y bien explicados Smile

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"¿Amor? No me juzguéis según vuestros parámetros" *Melkior a los vivos*
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MensajeTema: Re: Diario de un Bandido. (Danarek Raveen).   Vie Feb 10, 2012 9:43 am

Diario de un Bandido, Capítulo VI, Un par de caras amistosas.


Ahí permanecí durante escasos segundos, solitario, arrodillado sobre la hierba que recubre el suelo de las calles de Berekost. Lentamente, mis párpados se reunían, incitándome a caer en un eterno letargo. Sin embargo, una mano se posó en mi hombro derecho, por lo que rápidamente miré en esa dirección, percatándome de alguien conocido: Zahanell Blacktempest. Juntos formamos parte en una misión bajo el mando del consejo de Berekost, anterior a los problemas que me llevaron ante la cofradía aquella noche. Parecía querer prestarme su ayuda, ante mi fatal estado.

Zahanell: ¡¿Qué ha pasado?! *Mira a Danarek con cara de preocupación.*

Danarek: *Gira lentamente su cabeza, para posar su vista en él, con semblante entre agotado y dolorido.*

Zahanell: Permítame que lo ayude.

Danarek: … ayuda… *Cabecea con lentitud, y pronunciando quejidos ante la herida producida por el estoque que aún permanece clavado firmemente en su espalda. Habla con dificultad y pesar.* Aquí no… más gente saldrá por donde yo… no podrás salvarme…

Al escuchar mis palabras y asentir, haciendo caso a estas, me cargó en brazos, caminando por las frías y desoladas calles de la ciudad. Se adentró en un callejón en donde nadie pudiera vernos, dejándome boca abajo en uno de los bancos que se mantenían al fondo de este, apresurado ante la pérdida de sangre de mi parte, que manchó su túnica.

“Esto te va a doler” fueron sus acertadas palabras. Yo estaba casi inconsciente, pero pude sentir claramente el dolor que produjo la extracción de la hoja del estoque, con sumo cuidado, pero mis agónicos gritos fueron inevitables ante el penetrante dolor que sentí en ese momento. Limpió mis heridas rápidamente, y luego lo escuché murmurar unas palabras que no entendí, parecía rezar en un idioma completamente desconocido para mi. “Esto… esto sí te va a doler” pronunció antes de hacerme sufrir una quemadura en la herida, para que esta cicatrizase y no se infectara. Por un momento creí estar en el mismísimo infierno, sufriendo por lo que en vida hice.

Alarmada por los gritos, la semiorca Niga, que también participó en la misión a cargo del consejo, se acercó rápidamente al callejón, y nos vio ahí. Zahanell tratando mi herida, y diciéndome que me callase, y yo sufriendo y gritando, insultando y pataleando. La semiorca se hiso cargo de la situación, mandando a Zahanell a vigilar la entrada al callejón para que ningún curioso se acercara a ver la escena. Ella también murmuró algún tipo de rezos, pero estos eran aun más extraños e indescifrables que los pronunciados por el otro hombre. No pude ver qué hacía exactamente, pero sí sentí un repentino alivio y una notable mejora del dolor, que, ahora en menor medida, seguía estando.

Finalmente, y luego de la dolorosa experiencia, quedé inconsciente. Desperté en una habitación de la taberna, con comida y bebida en la mesita que se erguía junto a la cama en la que yo yacía, con una molestia en la espalda, siendo esta solo un atisbo del sufrimiento que sentí alguna vez.

Ahora debo juntar fuerzas y poder, amistades también, gente que luche a mi lado. Zahanell y Niga serían un buen comienzo, y ya se ganaron mi confianza. Pronto, muy pronto, haré pagar la muerte de mi padre, con sangre y dolor. Juro por Enigma que los traidores perecerán ante el filo de mi estoque…

//Agradecer a los jugadores zoker y dr.faustus por participar, por las ganas y el buen rol.


Última edición por Death Paradise el Mar Feb 21, 2012 4:57 am, editado 3 veces
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MensajeTema: Re: Diario de un Bandido. (Danarek Raveen).   Vie Feb 10, 2012 10:29 am

//El siguiente relato fue anterior a la historia previamente contada sobre este pj, siendo así que todavía formaba parte de la cofradía, con su padre con vida, sin ser traicionado aun, por lo que llevaba una vida "normal"

Diario de un Bandido, En busca de un artefacto desconocido.

Caminaba y caminaba de un lado a otro, frente al santuario de Berekost, notablemente impaciente. El caso es que esperaba a uno de los estúpidos y enclenques miembros de la cofradía, que necesitaba mi ayuda en una de sus tareas. Un robo, para ser más precisos.

Sin embargo, el imbécil no aparecía por ninguna parte, haciéndome esperar un largo rato. ¿Quién demonios se cree que es para hacerme perder el tiempo a mí? De haberlo visto de nuevo, lo hubiera azotado veinte veces con un látigo como castigo.

De pronto, una mujer rubia y bastante apuesta cruzó las puertas del templo, saliendo de este. Nos agrupó a los presentes más cercanos. Un hombre de nombre Zahanell Blacktempest, y una semiorca que se refería a sí misma como Niga. Nos ofreció un trabajo: ir a la isla Fantasía a buscar un extraño y desconocido objeto, y traerlo de regreso. Esto era orden del consejo de Berekost. Yo no entendí que podían pretender de un grupo de desconocidos, siendo enviados a buscar un objeto sin su descripción ni nada por el estilo. Solamente nos dijo que preguntemos a los isleños, y que, de traer el artefacto con nosotros, cofres llenos de oro, y gran fama y renombre, nos esperarían a nuestro regreso. Esas palabras bastaron para mí, y creo que para los otros dos.

Nos acompañó hasta el puerto, y nos puso a bordo del primer barco en rumbo a la isla, llegando a esta al cabo de unos días de navegar.

Al conocer yo la isla, por haber viajado varias veces a esta, guié a los otros dos hasta el poblado. En el camino encontramos cadáveres de todo tipo, cosa que no es común, menos aún en Fantasía. Al llegar al centro del poblado, divisamos a unos guardias y a algunas personas resguarecidas tras unas trincheras. Nos explicaron que estaban bajo ataque de unos mercenarios, por lo que permanecimos allí para ayudar en la defensa, y luego intentar sacar información sobre el artefacto que nos mandaron a buscar.

Luego de varias oleadas y muchos bandidos derrotados, los gnomos pudieron restaurar los golems que se encontraban rotos, para que defiendan el poblado sin necesidad de que nosotros gastemos más energía. Malditos gnomos, se hicieron esperar.

Uno de ellos nos acompañó hasta la taberna, donde descansamos un rato y atendimos nuestras heridas, explicándonos que seguramente esos ataques hayan sido para distraernos, y que otro grupo de bandidos estaría intentando llevarse el artefacto que ellos habían descubierto en una playa al este de donde estábamos. Me enojé, y sin dudas, por no haber sido avisado con anterioridad. Rápidamente partimos a esa playa a recuperar el misterioso objeto, que ni siquiera los isleños sabían para qué sirve, solo sabían que era algo antiguo, mucho más que el Cataclismo.

Al llegar, divisamos un grupo de unos diez mercenarios custodiando el lugar. Nos deshicimos fácilmente de ellos, “rescatando” a algunos mineros que se encontraban secuestrados. Luego de varias preguntas, una erenita que nos acompañaba originó un problema, efectuando algún tipo de magia inútil contra Niga, la cual, enfurecida, cargó contra la mujer. Esa perra maldita, de no haberse entrometido, seguramente nos hubiéramos vuelto a Berekost con el artefacto. Y esa semiorca estúpida que cede ante las provocaciones de la erenita, me arruinaron la recompensa.

Durante el pleito, al cual los mineros se introdujeron, y salieron la mayoría muertos, un grupo de bandidos salió de la cueva en la que supuestamente se encontraba el artefacto, cargando contra nosotros. Ante la sorpresa, pudieron herirme lo suficiente como para que pierda el conocimiento…

Desperté en la taberna gnoma, en donde me dijeron que un enano serenita me llevó para que traten mis heridas y descanse allí… salvado por un asqueroso enano ¿Quién lo diría?

Abordé el primer barco de regreso a Berekost, y me puse en la búsqueda de Zahanell y Niga, quienes debían explicarme lo que sucedió durante mi “ausencia”.

//Agradecer a los DMs por la entretenida quest, salvo por algún detalle en el que no coincidimos, pero no hay problemas Wink. Aquí les dejo el punto de vista de mi pj.


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MensajeTema: Re: Diario de un Bandido. (Danarek Raveen).   Miér Feb 15, 2012 6:33 am

Diario de un Bandido, Informe al Consejo de Berekost sobre la fallida misión.


No tardé muchas lunas en encontrarme con Niga, quien me explicó lo sucedido, aunque no entendí prácticamente nada, puesto que esa asquerosa orca no sabe hablar bien. Lo único que me quedó del todo claro, es que luego de lo sucedido en la isla, ella encontró alguna especie de roca que tenía que ver con el artefacto, y que también debíamos informar al Consejo sobre todo lo que había pasado.

Esa misma noche, nos encontramos con Zahanell a las puertas del santuario, donde un Centinela de la ciudad acudió a nuestro encuentro, y nos llevó ante el Consejo, ni más ni menos. Antes de que finalmente llegáramos ante los sumos mandatarios, el Centinela nos dio un consejo: medir nuestras palabras para no ser enviados a la orca. El Consejo estaba muy molesto por nuestro fallo.

Miré de reojo a mis dos compañeros, sobre todo a la semiorca. Sabía que si ella hablaba, muy seguramente nos colgarían. Por esa razón, intenté explicar lo sucedido, mientras que Niga les entregaba aquella “roca” que resultó ser una tablilla de piedras, con alguna inscripción, o al menos eso entendí. Una mujer que formaba parte del consejo dijo que podría descifrarlo, pero le tomaría mucho tiempo. Mientras tanto, y para no ser colgados, se nos envió en otra misión: encontrar una secta erenita que se había infiltrado en Berekost, y que, según creen, fue la encargada de enviar a los mercenarios a la isla, en busca del artefacto.

Finalmente, antes de marcharnos para comenzar con la búsqueda, solicité que se ponga bajo mi mando a Niga, para evitar que cause los habituales problemas a los que ya nos tiene acostumbrados. El Consejo accedió, pero los muy malditos dijeron que si la semiorca hacía algún desorden, yo era el responsable… tendré que tener cuidado.


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MensajeTema: Re: Diario de un Bandido. (Danarek Raveen).   Sáb Feb 18, 2012 8:25 am

Diario de un Bandido, La casa “abandonada”


Lo que aconteció estos últimos tiempos en Fantasía, fue realmente extraño. Aterrador cuanto menos.

Luego de que Zahanell y Niga me salvaran la vida, hecho que agradezco, viajé a la isla con el primero de ellos, después de haberle contado por qué había llegado a tal estado, explicándole el hecho que me marcaría para siempre. Decidimos que lo mejor era pasar un tiempo en el poblado gnomo, lejos de gente que pretenda hacerme daño. No estuve muy de acuerdo, puesto que quería acabar con todos y cada uno de los miembros de la cofradía, pero terminé entrando en razón. Zahanell estaba en lo cierto, necesitaba recuperarme, prepararme y luego enfrentarlos.

Ese fue el porqué de nuestro arribo a tierras gnomas. Una vez allí, lo llevé hasta una casa abandonada en la zona de Invierno, que ya conocía desde hacía mucho tiempo, para que descansáramos ahí durante nuestra estancia. Pero, para nuestra sorpresa, un enano ya se encontraba ocupándola. Era un serenita, y lo reconocí porque ya lo había visto antes, ayudando contra los mercenarios que pretendían robar un artefacto mágico de la isla.

Durante varios minutos, charlamos con el enano de temas que no vienen al caso. Durante ese tiempo, comenzamos a sentir bastante frío. Primero pensé que era lo lógico, pues en la zona de Invierno nieva día y noche, pero el frío siguió aumentando rápidamente por lo que sugerí volver al poblado. Al intentar abrir la puerta, di con la sorpresa de que se encontraba congelada, cerrada. La golpeamos y golpeamos pero no cedió, y las ventanas mantenían la misma descripción. Estabamos encerrados.

El frío era cada vez más intenso, por lo que caminaba de un lado a otro, inquieto, preocupado, tratando de tomar calor de cualquier lugar. Desenfundé uno de los estoques que pendían de mi cinturón, y este al entrar en contacto con el aire se prendió en llamas, mágica y literalmente. Sin embargo el efecto no duró más que unos pocos segundos: el filo del arma se congeló por completo. Además, una niebla blanca comenzó a inundar el piso, y a subir, hasta llegar al punto de evitar que veamos nuestras piernas.

Escuché claramente una voz que hablaba, que no pertenecía a ninguno de los presentes en la sala, pero sus palabras eran totalmente desconocidas por mi parte. Parecía hablar en otro idioma. De repente, algo comenzó a surgir en un rincón de la casa, bajo la niebla que recubría el piso. Al librarse de esta, pude percatarme de que era un horrendo muerto viviente, falto de algunas partes de su cuerpo, por lo que se veían algunos de sus huesos. Su olor era putrefacto. Rápidamente intentó abatir a Zahanell, quien ágilmente lo esquivó, terminando con el zombie en el suelo.

Aproveché la situación actuando heroicamente, como suelo hacer, y salté sobre la espalda de aquella aberración, y no dudé dos veces antes de clavarle el estoque a la altura del corazón, para que finalmente fallezca. Lo cual funcionó.

Aquella voz comenzó a hablar de nuevo, diciendo que íbamos a quedar encerrados allí para siempre, que pronto el mal azotaría Eternia. En ese momento el estúpido y asqueroso enano no tuvo mejor idea que lanzar un frasco al suelo, que al estallar emanó una repentina e intensa luz que nos cegó a todos. Recobré la vista pocos minutos después, pero una nube negruzca oscureció la habitación, impidiendo que podamos ver… nuevamente.

Caminé en círculos, hasta que pude dar con una de las paredes, pero esta era de tacto blando, extrañamente. Me asusté, pensando que podría ser otro muerto vivo, así que comencé a golpear aquella suave superficie con mi estoque, una y otra vez. Hasta que finalmente la nube se disipó permitiendo ver… la imagen era horrorosa…

Cadáveres consumidos, algunos esqueléticos, adornaban paredes y suelos, acompañados de sangre y algunos pedazos de carne y partes de cuerpos, sin duda una escena traumática. Me descontrolé, y comencé a golpear todo lo que veía, incluso si Zahanell o el maldito enano ese se me hubieran cruzado, habrían sido golpeados.

Sin embargo, eso no fue todo. Los cadáveres comenzaron a arremolinarse, juntándose, formando así un terrorífico gigante hecho enteramente de partes de los cuerpos que se encontraban en el lugar. Habló con la misma voz espectral que habíamos oído anteriormente, diciendo que “el Gran Kheuntal y su maestro Ark” traerían el caos a Eternia con su ejército de no-muertos.

Mientras el gigante hablaba, Zahanell se dedicó a cortar un brazo de uno de los cadáveres que se encontraba en el suelo, y morderlo, masticando así un pedazo de carne putrefacta y luego engulléndola. El muy maldito había entendido lo que estaba pasando: todo era una ilusión. Aquella escena se desvaneció en un abrir y cerrar de ojos, regresando todo a la normalidad.

No tardamos mucho en regresar al poblado gnomo, claramente sorprendidos ante lo que había sucedido.

¿Qué clase de arcano podía formular tal ilusión sin siquiera estar en el lugar?

*La pregunta con la que acaba el relato está subrayada y repasada una y otra vez, como si el escritor se hubiera detenido a pensar exhaustivamente en su respuesta.*

//Agradecer al Quester Eofolt por el muy entretenido rato, y pedir disculpas por haber tardado tanto en escribirlo xD.


Última edición por Death Paradise el Mar Feb 21, 2012 4:59 am, editado 2 veces
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MensajeTema: Re: Diario de un Bandido. (Danarek Raveen).   Sáb Feb 18, 2012 9:04 am

*El siguiente relato está escrito inmediatamente después del anterior, sin títulos ni nada por el estilo, dejando ver claramente que es una continuación, o un escrito que tiene que ver con el previo.*

A pesar de lo sucedido, mi estancia en la isla no se vio afectada. No podía regresar a Berekost todavía.

En el poblado gnomo encontré a un hombre y una mujer, ambos serenitas, que necesitaban un guía para recorrer lugares de la isla, por lo que me ofrecí, siempre y cuando se me pague una suma acorde al trabajo. Qué fácil es conseguir oro a veces…

Así fue que llegamos a una playa al este de donde nos encontramos, y divisamos junto a un árbol, un hombre de espaldas, ligeramente encorvado y apoyado contra el árbol. El hombre serenita posó una mano en el hombro de aquel desconocido, preguntándole si se encontraba bien. Pero, al darse vuelta… quedó bastante claro que no estaba nada bien: era un muerto vivo. Le faltaban trozos de cara, y otras partes del cuerpo, tal cual el que vi con Zahanell en aquella casa abandonada.

No tardamos mucho en deshacernos de él, pero pronto se unieron más y más, hasta conformar una ardua batalla que enfrentamos sin ser siquiera rasguñados, por suerte.

Finalmente, un no-muerto más apareció prácticamente de la nada, al menos yo no lo vi venir. Este era más rápido y resistente que los demás, por lo que me quedé a un lado, viendo como la mujer serenita atacaba a aquella deforme bestia que parecía estar hecha de partes de otros cadáveres. El hombre serenita me pidió que ayudara a la mujer, pero debía pagar por ello, ya que claramente yo no ayudaría gratis. Luego de discutirlo, y ver como la mujer volaba por los aires luego de haber recibido un devastador golpe, recibí mi paga, descolgué el arco que mantenía colgado en bandolera, y rápidamente lancé un flechazo certero al pecho del muerto vivo. Este ni se inmutó y cargó contra mí, dándome un golpe que jamás olvidaré en la mandíbula. Perdí el conocimiento, cayendo sobre la arena.

Esa maldita bestia había logrado abatirme, descolocarme la mandíbula, que por cierto me costó una fortuna el tratamiento de un curandero para sanarla.

Recobré el conocimiento pocos minutos después, y me levanté lentamente de donde yacía, intentando recolocarme la mandíbula. Solo logré empeorar el dolor…

Observé que el hombre serenita luchaba contra el no-muerto. Perdí el control ante el daño que me había ocasionado aquel vil ser, y desenfundé mis dos estoques, sin dudar cargué contra él, dando un salto y clavando certeramente el filo de mis armas en su cabeza, acabando con su inmunda existencia.

La mujer se reincorporó, y pudimos sentir más pisadas aproximándose. No podía hablar dado el estado en el que me encontraba, pero les hice señas a la pareja de inútiles de que nos fuéramos de allí, regresando así al pueblo. Allí estaríamos seguros, puesto que nada puede contra los golems que vigilan.

Este suceso, sin duda alguna, está relacionado con lo sucedido en la casa abandonada. Cada vez hay más indicios de que algo muy importante está por ocurrir en la isla.

*El "muy importante" de la última frase, está subrayado, dándole énfasis. Las letras de todo el relato están escritas temblorósamente. Quizás por nervios y ansiedad, o quizás por el mismo dolor en la mandíbula que se expresa continuamente.*

//Agradecer nuevamente al Quester Eofolt por lo divertido del rol.

P.D.: Post número 100 Very Happy xD
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MensajeTema: Re: Diario de un Bandido. (Danarek Raveen).   Mar Feb 21, 2012 5:06 am

Diario de un Bandido, Mensaje antiguo.


Mi estadía en Fantasía sigue ocasionándome problemas o hechos extraños. Comienzo a cuestionar la idea de que era un lugar tranquilo para quedarme unas cuantas lunas…

Lo sucedido esta vez parece tener relación con la búsqueda del artefacto desconocido por el que fui enviado por el mismísimo Consejo de Berekost.

Me encontré nuevamente con la pareja serenita, mientras merodeaba por el poblado con notable aburrimiento. El hombre de Serena había encontrado una peculiar espada, que dijo estar clavada en una estalactita. Pensando que quizás pudiera haber algo más de valor, o algún indicio que indicara de dónde provenía la espada, le dije que me llevase al lugar del hallazgo. El maldito oportunista me quiso cobrar para llevarme al lugar, a lo que terminé accediendo. Quizás encontraría algo allí que pudiera compensar el gasto de esas cincuenta monedas… aunque yo les había sacado tres veces esa cantidad a la misma pareja, días antes, así que el trato no fue desfavorable para mí.

El serenita nos llevó a la zona invernal de la isla. No hiso falta adentrarnos mucho en aquellos lares para encontrar el lugar de donde se extrajo la espada. Derretimos el hielo del cual se extrajo el arma, y nos percatamos de que un cadáver se encontraba bajo este. Sin dudarlo dos veces, lo registré, aunque era puro esqueleto. No encontré nada en los ropajes que llevaba, pero sí en el esquelético pecho: una extraña tablilla escrita con símbolos totalmente desconocidos para mí. De repente, y al tener contacto con aquel elemento, un estallido mágico inofensivo emanó de este, materializando frente a mis incrédulos ojos un hombre encapuchado vistiendo una túnica que le tapaba todo el cuerpo. Este nos envió en una misión, que consistía en encontrar un artefacto en unas ruinas cerca de la playa al este del poblado gnomo.

Era la misma cueva de la cual salieron los bandidos en aquella ocasión, llevándose consigo el tan nombrado artefacto. Solo que ahora se encontraba en ruinas… quizás mientras estuve inconsciente algún imbécil las tiró abajo. Intentamos retirar las rocas que bloqueaban la entrada, pero fue ciertamente inútil.

Misión inconclusa, pero da indicios de que más gente había sido enviada a por el desconocido objeto.
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MensajeTema: Re: Diario de un Bandido. (Danarek Raveen).   Mar Feb 21, 2012 1:34 pm

Diario de un Bandido, Cambio de rumbo por parte del Consejo.


Una vez más, temí por mi vida. Y es que nunca se podría estar tranquilo cuando el Consejo manda un Centinela a buscarte, más sabiendo que aún no has finalizado una misión encomendada por el mismo.

El guardia de Berekost acudió a mi precensia, en la plaza de la ciudad anteriormente nombrada, para llevarme ante los sumos mandatarios. Al preguntarle, me respondió que no sabía para qué me requerían, lo cual me preocupó bastante.

Al llegar ante estos, y saludar con respeto y todas esas estúpidas formalidades solamente hechas con el fin de alivianar el castigo que pensé que iban a imponerme, me preguntaron si había avanzado en la investigación de la secta erinita. Respondí que no, y tragué saliva. Uno de los miembros del consejo preguntó si tampoco había avanzado con lo del artefacto, a lo cual respondí contando la historia del cadáver congelado en Fantasía, y el mensaje extraño de la tablilla mágica esa. Evidentemente, fue de suma importancia, ya que se pusieron a discutir sobre el tema, llegando finalmente a la conclusión de que la secta no era erinita, ni de ninguna otra facción.

De hecho, me enviaron en una nueva misión. Llegó al Consejo un informe de un sospechoso que se dedicaba a contratar mercenarios en Lindenlea, la población mediana. No tuvieron mejor idea que enviarme para que me infiltre entre sus filas y descubra sus fines… posiblemente sea la secta que estamos buscando.

Ahora bien, ¿Debo llevar conmigo algún tipo de ayuda para infiltrarme? ¿O intentarlo solo? Probablemente si acudo con Niga o Zahanell al encuentro del reclutador, nos descubran.

Como dice el dicho: mejor solo que mal acompañado… aunque este es un contexto diferente al cual se aplica ese dicho normalmente.
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MensajeTema: Re: Diario de un Bandido. (Danarek Raveen).   Vie Feb 24, 2012 6:37 am

Diario de un Bandido, Los Levantados.


Las situaciones problemáticas que involucran la muerte viviente no cesan. En este caso, el problema ocurrió en el cementerio próximo a Berekost, y no en Fantasía, por lo que no creo que tengan relación. Aunque no puedo estar seguro.

El día inició con Zahanell proponiendo un viaje al mencionado lugar. Quería enseñarme algo, lo cual nunca sucedió. Ahora que lo recuerdo, debo preguntarle qué es lo que quería…

Ya había estado en ese cementerio, y sabía el peligro que presentaba, puesto que en más de una ocasión los no-muertos me atacaron desde el suelo, cavando hoyos con una velocidad impresionante. Zahanell siguió empeñado en no escucharme y seguir avanzando, por lo que llegamos al lugar en unas pocas horas.

La imagen fue más impactante que de costumbre: cientos de agujeros adornaban las tumbas sin cadáveres en ellos, y varios rayos caían sobre la tierra. De hecho, hubo uno que nos cayó muy cerca, aturdiéndonos durante un breve momento.

Pero… ¿Dónde estarían todos esos cadáveres? Deseé que no fueran muertos vivientes, pero sabía que era lo más probable.

Un grupo numeroso de estos nos vio, y nos atacó. Poco pudimos hacer para defendernos de esos putrefactos cadáveres animados del demonio, que nos dejaron tirados en el suelo, bastante heridos. Extrañamente, nos dejaron allí y se retiraron. Agradecí a los dioses por evitar que nos comieran.

De repente, una serie de ratos cayó sobre una de las más grandes tumbas, la que más detalles y símbolos tenía, y se encontraba más cuidada. Ante la extraña situación, Zahanell dicidió ocultarnos de la vista de todo ser vivo o muerto, mediante su extraña y poco deseada magia. Aunque útil, debo admitir.

De esa misma tumba vimos surgir un enorme esqueleto, de al menos siete pies de altura (//poco más de dos metros) cargando un bestial espadón, y vistiendo una armadura parecida a la de los soldados de Berekost, pero la de él parecía la de un alto mandatario. Además portaba varios galardones en esta. Debía ser un héroe de guerra o algo similar.

Tuvimos poco tiempo para decidir qué hacer. Aproveché la invisibilidad que me otorgó el arcano, y me aproximé a aquel monstruoso muerto vivo, con el afán de robarle un galardón como prueba de lo sucedido. Lo logré, y rápidamente huimos del lugar, mientras más no-muertos se levantaban de sus tumbas, siendo comandados por aquel antaño héroe de guerra, ahora zombificado.

Al llegar a Berekost, dimos rápido aviso a las autoridades y les entregué el galardón como prueba. Decidieron enviar un grupo de guardias para verificar si lo que contamos era cierto. De no serlo, se dijo que seríamos ahorcados por profanar la tumba del héroe...

Yo solo espero, por nuestro bien y secundariamente el bien de la ciudad, que vean lo mismo que nosotros.
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MensajeTema: Re: Diario de un Bandido. (Danarek Raveen).   Sáb Feb 25, 2012 8:31 am

Diario de un Bandido, La fábrica de golems.


En fantasía parece reinar el caos y el vandalismo. Esta no es ni la primera vez, y estoy seguro de que no será la última, que suceden hechos que me generan disgusto.

Esta vez me robaron el anillo que mi padre me regaló antes de morir. Un maldito mocoso me hizo caer en uno de los trucos más antiguos del pillaje: chocarse contra la víctima y durante la distracción que eso genera, robarle lo que esté al alcance. Yo mismo lo he hecho alguna vez, pero debo admitir que es detestable cuando se lo hacen a uno. Para colmo no pude ver en qué dirección huyó, y mucho menos seguir sus rastros, puesto que no dejó ninguno.

Mientras buscaba inútilmente por los alrededores a aquel granuja, el gnomo que habitualmente me compra esencias, un tal Briser, se aproximó a un grupo de serenitas que se encontraba allí en el poblado. Al escuchar las palabras “Trabajo” y “Recompensa”, por sobre lo demás, me acerqué con curiosidad. Quizás lo que ofrezca podría compensar la pérdida de mi reliquia familiar, al menos en su coste material, porque su valor sentimental era irrecuperable. Y estaba en lo cierto, puesto que el gnomo ofrecía doce mil monedas de oro a aquellos que le ayuden a “limpiar” su fábrica, de los bandidos que la habían tomado. También nos advirtió que podían estar utilizando a los golems que allí fabricaba, por lo que tendríamos que desactivarlos desde el “Orbe de Control” una vez estemos allí dentro. Acepté el trabajo, y me retire con aquel grupo a cumplirlo. Yo era el único que pertenecía a otra facción que no fuera Serena… estos están por todos lados, como las cucarachas.

El trabajo en un principio fue fácil, no tuve que hacer mucho. Los golems no eran tan duros como pensaba, y los bandidos eran faltos de experiencia, como habitualmente. Dejamos a uno con vida para que nos explicase lo que allí sucedía: los bandidos habían tomado ese lugar porque se encontraba aparentemente abandonado. Vinieron desde las cercanías de Berekost, expulsados, luego de que los cabecillas de los clanes que conformaban la cofradía se peleasen. Dijo no saber nada más.

Continuamos el camino con las mismas luchas simples, aunque agotadoras, hasta llegar a mitad de camino, donde un hombre parecido al que vi luego de activar aquella tablilla, se materializó frente a nosotros. Este también parecía ser un mensaje mágico, puesto que cuando quise tocarlo, solo logré atravesarlo, cual fantasma. Comenzó a hablar sobre el culto del hielo y el fuego, dijo algo sobre el Mesías de la Deserción, y luego el mensaje comenzó a desvanecerse, inconcluso e inentendible. Días antes el Consejo de Berekost me había hablado sobre esto, así que esta información puede que les interese.

Reanudamos el trayecto hasta llegar a una serie de pasillos, una especie de laberinto, donde golems empezaron a atacarnos. Desesperadamente comenzamos a buscar el dichoso Orbe de Control, el cual encontré, y un serenita logró desactivarlo. Los golems quedaron inmóviles inmediatamente, siendo estos desactivados.

Creímos que ya todo estaba hecho, cuando de repente el mismo mocoso que me robó el anillo, apareció corriendo por el lugar. Intentamos atraparlo entre todos, pero era inútil, no podíamos alcanzarlo, siempre se escapaba en el último momento. Finalmente descubrimos el propósito de esto… ese crío era una trampa, el cual supuse en el momento que estaba hecho de la misma forma que los mensajes mágicos, porque se desvaneció como si nada en el aire.

La sala en la cual irrumpimos persiguiendo al muchacho, estaba ocupada por varios bandidos. Uno de ellos, que parecía ser el jefe, respondió a nuestras preguntas, y logré sacar la siguiente información:

  • El culto del hielo y el fuego no tiene una base fija, siempre están moviéndose.
  • Cuentan con un grupo de monstruos, descritos por el jefe de los bandidos como alguna especie de demonios. “Hombres con cola, cuerno, y algunos prendidos en llamas. Había pajarracos también, y todo tipo de criaturas extrañas” – Palabras textuales del interrogado.
  • Los bandidos parecían no estar informados del Mesías de la Deserción y esos temas, por lo que deben haber sido simples mercenarios.


Por último, pregunté por mi anillo. El muy maldito lo llevaba en el dedo índice de su mano derecha, por lo cual me enfurecí. En ese mismo momento comenzó a pelearse con un semiorco serenita que nos acompañaba. Aproveché la distracción y me metí en la pelea, golpeando por la espalda al vil ladrón, y luego matándolo. Decidí quitarle mi anillo y robarle todas sus pertenencias como venganza, aunque esto ya no iba a importarle, ya que estaba muerto. *La palabra está subrayada y reescrita varias veces, violentamente.*

Luego de esto, regresamos al poblado por la recompensa. El sucio gnomo no quiso pagarme más, aun sabiendo que me lo merecía por el trabajo realizado… más tarde regresé para robarle una bolsita llena de monedas de oro que llevaba al cinto, empleando mi anillo de invisibilidad mágica ahora recuperado. Así aprenderá el maldito a no ser tan tacaño.

Ahora debo regresar a Berekost e informar al Consejo sobre lo sucedido.
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MensajeTema: Re: Diario de un Bandido. (Danarek Raveen).   Dom Feb 26, 2012 5:27 am

Diario de un Bandido, Sombras en Fantasía.


Otra extraña situación ocurrió en esa isla que ya ni quiero nombrar. Esta vez fue algo que pude entender, puesto que el aprendizaje recibido en la cofradía también trató sobre las sombras. Cómo ocultarse en ellas, cómo controlarlas y principalmente conocerlas, en sus fortalezas y sus puntos débiles. Algunos de los miembros pudimos comprender aquellos conceptos y ponerlos en práctica. No están al alcance de cualquiera, son dones otorgados por el mismísimo Enigma.

La situación comenzó con una mujer que reside en el poblado gnomo, quién nos pidió ayuda. El problema era que muchos de los habitantes tenían pesadillas que trataban sobre sobre seres oscuros que atravesaban sus pechos y les succionaban su fuerza vital, dejándolos reducidos a huesos y piel pálida. Y, de hecho, muchos de los que tenían esas pesadillas, no se despertaban, presentando esos síntomas. Veinte fueron los muertos de esa forma.

Comencé a pensar en las sombras. Seres elementales que succionan la energía vital a su alrededor, podrían ser la causa. Aunque siempre, y sin excepciones, hay alguien detrás de esas criaturas, puesto que vienen del ‘Plano de las Sombras’, pudiendo ser transportadas solo por personas con el conocimiento necesario. Yo pude lograrlo un par de veces, aunque no es muy agradable, y mucho menos fácil de hacer.

Nos indicó que el ingeniero Adams había localizado el problema en el laberinto de los minotauros, que se encuentra en Verano. Hacia allí partimos, preparándonos para los peligros que podríamos enfrentar. Primero, unos simples Quickers, nada de lo que preocuparse. Sin embargo, no tardamos mucho en dar con grupos numerosos de sombras, lo cual me disgustó. Yo estaba en lo cierto.

Decidí explicar al grupo las debilidades y fortalezas de esos seres: solo pueden ser eliminadas si se ataca a su núcleo de energía negativa que se encuentra en el centro de la sombra. Son resistentes a todos los elementos, excepto el sonido, puesto que un fuerte ruido metálico las aturde y distrae, lo suficiente como para destruir su núcleo de una estocada certera. Había que tener cuidado de no ser tocadas por estas, puesto que el más mínimo roce con la piel debilita bastante. Esto es causado por su habilidad de succionar la energía vital de las criaturas vivas.

Luego de la breve lección, continuamos el trayecto, luchando durante este con varios grupos de sombras e incluso minotauros, una vez que llegamos al laberinto. Un hombre serenita, el cual he visto varias veces ya, pero nunca se presentó, nos guió por los angostos pasillos. Parecía tener buena memoria. Como era de utilidad por el momento, lo defendí de todo peligro en cada uno de los rincones del laberinto. Claramente quería cobrar mi recompensa, y aquel serenita lo estaba facilitando.

Al llegar al final de aquel lugar, divisamos un portal. Primero se pensó en cerrarlo, y luego se descubrió que no era precisamente un portal entre planos, por lo que se decidió que lo mejor sería cruzarlo para eliminar al causante de la aparición de las sombras.

Una vez adentro, nos percatamos de que fuimos enviados a una especie de cripta bastante iluminada. Dimos con más sombras, las cuales erradicamos, y finalmente desbaratamos un pentagrama que se creyó peligroso. La erinita recogió un libro, al cual no le di importancia. Realmente debe agradecer que las sombras me distrajeran tanto como para no acabar con su inmunda existencia… será tarea de otro momento.

Recorrimos el camino de regreso, luego de cerrar aquel portal. No sufrimos mayores percances, y terminamos cobrando la recompensa que nos ofreció aquella mujer del comienzo.

Sin duda una experiencia bastante agotadora y extraña, pero conociendo el peligro que presentan las sombras, debo admitir que me reconforta que no hayan quedado libres. Todavía tengo negocios pendientes en esa isla, así que no me hubiese gustado que destruyeran todo a su paso.
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MensajeTema: Re: Diario de un Bandido. (Danarek Raveen).   Mar Feb 28, 2012 5:38 am

Diario de un Bandido, Desbaratando planes de muertos vivos.


Una vez más, resonó aquel nombre en mi cabeza: “Kheuntal”. Pero esta vez no fueron ilusiones, como en aquella casa abandonada, de la cual he escrito algunas páginas atrás en este mismo diario. Todo fue real, doloroso y angustiante, pero sin embargo pude vivir para escribir esto.

Todo comenzó en el poblado gnomo en la isla Fantasía, cuando una lluvia ácida comenzó a caer del cielo, rasgándome la ropa. Yo y otras dos personas más, ambos serenitas, nos refugiamos bajo el techo sobresaliente de la taberna, observando cómo aquella lluvia quemaba la hierba, dotándola de un negruzco color. El cielo se oscureció completamente, todo a nuestro alrededor. Aunque pude ver perfectamente ya que mis estudios, prácticas y dones de Enigma, me dotan de una peculiar visión en la oscuridad.

De repente, rayos de un extraño tono rojo comenzaron a hacerse sonar en la isla, con la particularidad de que caían sobre los golems protectores del lugar, derribándolos uno a uno, dejándolos inutilizables. Y eso no podía ser mera casualidad.

Nuestra mayor sorpresa la trajo un pentagrama que apareció por si solo en el suelo, rodeado de luces y esqueléticas cabezas que se dibujaban en el aire. Un extraño no-muerto emergió de este aparente portal, quien se presentó como el mismísimo emisario de Necros. Pero rápidamente demostró no ser hostil, si no que necesitaba nuestra ayuda. Alguien estaba tratando de “despertar” a Kheuntal, y que su ejército pretendía llegar a Fantasía para apoderarse de la isla, desde la cual tendrían total libertad para viajar a las distintas facciones, siendo Fantasía un lugar estratégico. El mismo mago que había efectuado la lluvia ácida y aquellos rayos, era quien intentaba abrir un portal para el rápido traslado de las tropas, ya que el ejército no-muerto es muy lento. Tendríamos que acabar con ese mago y cerrar el portal para ganar tiempo, y reunir la suficiente gente para acabar con la amenaza.

Pero yo no entendí qué podría importarle a Necros. Es más, había pensado que todo esto de los muertos vivientes era obra suya, por lo cual pregunté al emisario la razón de este mensaje. El tal Kheuntal quiso destruir a la deidad de la muerte para poder quedarse con sus dominios, y de hecho casi lo logra, si no fuera porque Necros pudo encerrarlo en alguna especie de prisión mágica. En todo este tiempo, Kheuntal debía haberse fortalecido, por lo que la deidad aparentemente teme que tras su liberación, vaya nuevamente a por él, y esta vez no pueda ser frenado.

Y para obligarnos a efectuar la tarea, aquel enviado conjuró sobre nosotros. Uno de los hombres serenitas, aparente entendido de la magia, nos explicó luego que el conjuro se llama ‘GEAS’ y qué el efecto de este es que, de no cumplir con la encomienda del emisario, moriríamos al cabo de tres horas. Por ende, no pude negarme, y pronto nos pusimos en marcha, hacia el este, donde se nos indicó que se intentaba abrir el portal. Una mujer serenita que había presenciado lo sucedido, se unió a nosotros.

El paisaje me era bastante familiar, era muy parecido, o prácticamente igual a lo visto en la casa abandonada, en la zona de Invierno. Cadáveres descuartizados por todos lados, de todo tipo de razas, tanto hombres como mujeres.

De pronto, a mitad de camino, un grupo de no-muerto se alzó de ente la pila de cadáveres, atacándonos. No fue una batalla difícil, pero había que tener cuidado de no pisar más cadáveres.

Varios pasos después, un enorme y aparente demonio apareció frente a nosotros, de piel negra y grandes cuernos rojos, portando un enorme tridente. Comenzó a hablar, dirigiéndose primero a mí, con las siguientes palabras: “lo prometido es deuda”. Su voz era la misma de aquel engendro en la casa abandonada, quien había dicho que Kheuntal pronto sería despertado, y traería el caos y la muerte a Eternia.

El demonio cargó contra nosotros, pero a pesar de la aparente desventaja, pudimos acabar con él. Revisé si llevaba algo de importancia o valor considerable entre sus ropajes, pero solo logré tocar su piel, quemando levemente mis dedos debido al contacto. Decidimos no perder el tiempo y proseguir el camino, ya que nos quedaban unas dos horas a ese punto.

En el último tramo del sendero antes de llegar a las colinas del este, cercanas a la playa, pudimos divisar que a los costados varias llamas iluminaban el camino, extrañamente. Mi atención se centró en una mujer que se encontraba junto a un árbol, alejada del camino. Era muy hermosa, y parecía estar llamándome… no pude resistirme y accedí, alejándome del camino ante la incrédula mirada de mis compañeros. De repente, el rostro de aquella mujer se tornó esquelético, faltándole así varias partes de piel y carne, como si de un muerto viviente se tratase. Gritó, aturdiéndome, por lo que me tapé los oídos con ambas manos y me arrodillé en el suelo. Fui rescatado por la mujer serenita. Luego, pensándolo con más claridad, recordé el rumor de que varios hombres eran atraídos por mujeres hermosas que luego intentaban devorarlos. Creo que se denominaban "Banshees".

Reanudamos el camino, con solo una hora para cumplir la tarea. Aunque no tardamos mucho en encontrar aquel portal, bastante parecido al que abrió el emisario de Necros para llegar ante nosotros, aunque notablemente más grande. Un hombre serenita comenzó a conjurar, aunque no entiendo que pretendía. Sin embargo, me percaté de otra voz conjurando, bastante cerca de mi compañero. Con uno de mis estoques intenté golpear el mismísimo aire, puesto que quizás haya alguien oculto por la magia. Para mi sorpresa, un rayo salió de la mismísima nada, impactando contra mi, a la derecha de mi estómago.

El dolor fue realmente insoportable, ese rayo había producido un agujero de tamaño importante en mi cuerpo, el cual no paraba de sangrar. Tomé de mi cinturón un vial, el cual había comprado recientemente en el poblado, capaz de curar cualquier tipo de herida, sin importar la gravedad. Sin embargo, quien lanzó el rayo contra mí me hizo elevar en el aire, sin siquiera tocarme, y me acercó a él. Lo observé durante escasos segundos, y me horroricé verdaderamente ante la imagen: era un liche. No dudé dos veces antes de verter el líquido de mi pócima sobre él, teniendo el efecto inverso sobre los muertos vivientes, lo cual lo dañó y enojó bastante. Me lanzó contra el suelo, donde quedé quejándome de mi herida, sin moverme lo más mínimo.

Es cierto lo que dicen, que uno ve su vida pasar frente a sus ojos cuando se encuentra a las puertas de la muerte... mi infancia, mi crecimiento, la gente que había conocido, las enseñanzas que había obtenido a lo largo de mis escasos veinte años…

Pero no deseaba morir, todavía tenía un propósito que cumplir. El asesino de mi padre, ese traidor debe morir, mi muerte solo lo liberaría. Durante varios minutos luché por no cerrar los párpados, por no sucumbir ante el gélido toque de Necros. No estaba consciente de lo que sucedía a mi alrededor, pero cuando sentí que alguien se acercó a mí, la mujer serenita para ser más precisos, le dije que tomara uno de los viales que pendían de mi cinto, el cual era exactamente igual al que vertí sobre el liche, y me hiciera beberlo, puesto que ya me costaba horrores efectuar cualquier movimiento, incluso hablar. Así se hizo, y prontamente la gran y grave herida a la derecha de mi estómago se cerró, dejando únicamente como recuerdo de lo sucedido mis ropas rasgadas.

Al incorporarme, comencé a percatarme de lo que había sucedido: un hombre de Serena había encontrado el punto débil de el liche, una especie de roca, la cual usó de alguna forma que desconozco para acabar con él, cerrando al mismo tiempo el portal. El enviado de Necros volvió a aparecer frente a nosotros, liberándonos del ‘Geas’, e indicándonos que debíamos reunir toda la ayuda posible, puesto que solo teníamos unos meses antes de que el ejército de no-muertos llegase a Fantasía. Al percatarse de aquella extraña roca, se asombró, y nos explicó que el mismísmo Necros había usado esa piedra junto con otras cinco para encerrar mágicamente a Kheuntal. Si se reunían en malas manos, podrían liberarlo. Asimismo, nos dijo que no pueden ser portadas por muertos vivientes, por lo que no podía llevársela, quedando a cargo del hombre que la descubrió. Por último, nos comentó que ya había otra roca en posesión de otro habitante de Serena.

Nuestra salvación depende de que esa ciudad no sea asaltada… patético.

Debo informar inmediatamente al Consejo, puesto que esta situación requiere la ayuda de todas las facciones, lamentablemente. Todos moriríamos si ese tal Kheuntal es liberado… incluso Necros le teme.
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MensajeTema: Re: Diario de un Bandido. (Danarek Raveen).   Jue Mar 01, 2012 12:56 am

*Un poco más abajo, en la misma hoja, el escrito continua.*

He encontrado a Niga, quien se había ausentado por muchas lunas, y no dudé en llevarla a Fantasía, para explicarle el problema que enfrentábamos y que ella lo viera con sus propios ojos.

El suelo ennegrecido, las nubes presentaban la misma descripción, los árboles y plantas se encontraban marchitos… a pesar de la poca inteligencia de la semiorca, no tardó en entender la gravedad del problema. Además, ocurrió un hecho bastante curioso…

Niga se encontraba machacando un murciélago, que luego dejó tirado en el suelo con el cuello roto. Sin embargo, al cabo de los minutos, ese mismo animal comenzó a agitar las alas y a levantarse... con el cuello roto, cual zombie. No dudé en saltar sobre él y aplastarlo definitivamente.

Para colmo, un hombre serenita llegó hasta donde estábamos nosotros. Pero pronto mi mente comenzó a jugarme una mala pasada, convirtiendo a los dos presentes en no-muertos que querían devorarme… por lo que escapé hacia el puerto.

¿Fue otra ilusión, como la de la casa abandonada? ¿O será que todo este problema, y lo poco que duermo debido a esto? Sea lo que sea no fue real, eso seguro.

La semiorca me alcanzó, y le dije que volvíamos a Berekost, tenía que explicarle al Consejo todo lo que estaba pasando.

*La hoja queda completamente escrita luego del pequeño relato. Sin embargo, en la página siguiente, otra narración aparece. Aparentemente es de después de informar al Consejo, pasados varios días*

He informado al Consejo sobre lo sucedido, y les he indicado la importancia que presentaría no participar en la defensa a Fantasía, ya que si los no-muertos toman la isla, todo será perdido.

Sin embargo, a pesar de mis palabras, Fulcarris se niega a retirar tropas de Berekost para enviarlas a Fantasía, puesto que dejaría la ciudad libre para un más que posible ataque erinita.

Deseo firmemente que en el concilio que se realizará en pocos días, puedan hablar sobre este tema y que se llegue a una conclusión salvadora, todos dependemos de que Fantasía siga en pie, pero no parece que en Berekost lo entiendan.
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MensajeTema: Re: Diario de un Bandido. (Danarek Raveen).   Jue Mar 01, 2012 6:01 am

*Un nuevo relato extenso aparece escrito a continuación del informe al Consejo. Sin dudas el problema no finaliza, ni se toma descansos.*

Hoy logramos desbaratar otro portal de no-muertos. Aunque esta vez no estaba custodiado por un liche, y tampoco fui yo quien terminó mal herido.

La situación comenzó en el poblado gnomo de la isla Fantasía, para variar. Me encontraba yo con el mismo grupo de serenitas de siempre, solo que esta vez puedo nombrarlos: Alrran , Zeril y Camila. *Nótese que no sabe escribir ortográficamente bien los nombres, porque solo los ha oído, nunca los ha visto escritos.*

Un hueco se abrió en la tierra, con una especie de leve explosión. Este comenzó a emanar niebla, aunque no pareció tóxica. Mientras Alrran inspeccionaba aquel curioso agujero, comenzó a llover sobre el poblado, pero aquella lluvia presentaba una particularidad: era rojiza, del tono de la sangre. No tardamos mucho en percatarnos de que era justamente eso.

Mientras tratábamos de deducir qué demonios estaba pasando, logré escuchar más estallidos, y percatarme de más niebla por los alrededores: se estaban abriendo más de esos agujeros.

De hecho, de uno de ellos, se alzó un no-muerto que portaba una clava, con la cual golpeó a Alrran en la cabeza, haciendo que esta le sangre. Rápidamente desenfundé mis estoques y me aproximé, golpeando a aquella aberración, partiéndole las costillas. La mujer serenita, Camila, finalizó el trabajo.

El problema no terminó ahí, puesto que otro no-muerto proveniente de esos agujeros apareció por la espalda de Zeril, al que le clavó una espada que lo atravesó por el pecho. Intenté clavarle mis estoques en la cabeza, saltando hacia él, pero me esquivo. Nuevamente Camila se hizo cargo de la situación… patético de mi parte, ¿Una mujer logrando lo que yo no?…

Alrran, que aparentemente posee conocimientos sobre la curación, se encargó de la herida de Zeril, mientras la mujer y yo luchábamos contra los no-muertos que salían de los agujeros. Estos muertos vivos eran más difíciles de luchar que los que ya habíamos visto, ya que portaban armaduras pesadas y armas, eran más inteligentes y duchos en el combate.

Al finalizar la batalla y salir exitosos de esta, me percaté de que todos los hoyos eran salidas de túneles cavados desde el sur, por lo que rápidamente nos pusimos en marcha, en dirección a la zona invernal de la isla.

Al llegar a esta, un no-muerto que vestía las mismas armaduras y armas que los otros, nos esperaba tras un muro de luces y calaveras que permanecían suspendidas en el aire, observándonos. Al hablarnos el muerto vivo, dijo que ya habían sido avisados de nuestra “molesta” presencia, y que habían sido más precavidos esta vez.

El arcano de nuestro grupo, intentó teletransportarse él y los otros dos, puesto que yo me negué, y chocaron contra el muro que formaban las calaveras. Evidentemente no permitía pasar la magia, ya que luego pudimos cruzar el lugar caminando tranquilamente. Luchamos contra unos diez no-muertos, y dimos con el portal que anteriormente nombré. Solo que este, era custodiado por un gigante esqueleto que portaba un arma de doble filo.

La lucha era inevitable. El gigante se lanzó contra Zeril, pero se resbaló por la nieve y clavó su arma en el suelo, para permanecer de pie. Aprovechando la distracción, el guerrero lo golpeó con su maza, rompiéndole algunas costillas, mientras que la mujer intentaba inútilmente dañarlo con sus propios puños. Mientras ellos luchaban, aproveché la distracción y los rodeé, posicionándome inmediatamente detrás de aquel gigante. Empleando mis conocimientos sobre la anatomía, y la habilidad de mis estoques, intenté descolocarle la columna vertebral para dejarlo inmóvil. Fallé, puesto que sus huesos eran más grandes y resistentes que los de una persona común. El gigante se alzó y cargó nuevamente con Zeril, esta vez clavándole el arma en el pecho, levantándolo en el aire y lanzándolo al suelo. La mujer serenita rápidamente le dio de beber una pócima al guerrero herido, la cual lo curó instantáneamente. Luego de eso, la mujer se giró, y en el mismo movimiento, efectuó un gran golpe con su pie en la pelvis del esqueleto, quebrándolo, haciendo que se arrodille. No dudé dos veces al tenerlo rendido frente a mí, y con un sutil golpe de mi estoque, le quebré el cuello, acabando con él.

El gigante cayó de espaldas, y estalló, literalmente, efectuando unos destellos de luces rojas y azules. El portal se cerró al mismo tiempo, por lo que supongo que el esqueleto gigante lo mantenía abierto de alguna forma.

Finalmente, y antes de marcharnos luego del éxito de la misión, extraje un fémur de la pila de huesos que habían quedado luego de la explosión. Lo guardé en mi mochila, y nos retiramos. Me extraña que ninguno de los que me acompañaba me preguntase por qué lo hacía. Otro recuerdo para la colección.

Al regresar a Berekost daré informe al Consejo. Quizás cambien de opinión sobre lo de no enviar su ayuda.
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MensajeTema: Re: Diario de un Bandido. (Danarek Raveen).   Vie Mar 02, 2012 9:08 am

*Las páginas siguen y siguen, todas relatando sucesos entrelazados por el mismo problema en común: el avance de los no-muertos sobre Fantasía.*

Hoy intentaron vengarse de nuestras intervenciones en sus avances...

Como siempre, el inicio de la situación se dio con la lluvia, pero no era una lluvia común y corriente, ni tampoco ácido y sangre como las otras veces. Esta era negruzca, como el agua de pantano, y estaba acompañada por una fuerte brisa que ondeaba nuestras ropas. Se oyeron palabras, que llegaban a nosotros por medio del viento, y, por clara arte de magia, fuimos transportados a una especie de cripta, mientras la misma voz que habíamos oído previamente, nos decía que habíamos sido llevados allí para permanecer toda la eternidad como venganza por nuestros actos.

Al intentar avanzar, nos topamos con la problemática de dos pilares que lanzaban rayos a medida que uno se acercaba, por lo que era imposible salir de allí. El arcano del grupo, Alrran, se puso a descifrar la manera de poder pasarlos. Finalmente, dedujo que las inscripciones de los pilares indicaban que alguien debía sacrificarse por todos. Un erinita decidió sacrificarse él, y se posicionó entre los dos pilares, soportando los rayos que incesantemente caían sobre él. Pero, antes de que muriese y me alegrase el día, una luz cayó del cielo, y nos permitió el paso. Aunque él siguió con vida, dándole gracias al Hacedor… cucarachas, eso son.

A medida que avanzábamos por ese oscuro lugar, imágenes, visiones, comenzaron a materializarse a nuestro alrededor. Una guerra, entre no-muertos y Berekost, Serena y Erina, quienes lucharon todos juntos contra la horda, hace doscientos años. Justo antes del choque entre los dos ejércitos, la visión se desvaneció, y regresamos a la oscura cripta. Al avanzar, luchamos contra no-muertos que portaban armaduras pesadas y armas, como los últimos que encontramos en Fantasía, pero acompañados por humanos armados, que suponemos que son mercenarios.

Finalmente, un no-muerto bastante grande y musculoso, vestido con una armadura de placas de acero, y varios huesos humanos recubriéndola, además de portar un gran espadón, nos aguardaba al final de aquel lugar. Lo único de importancia que dijo, fue que hubo un traidor en aquella batalla, pero, para que él nos diga quién fue, debíamos vencerlo en batalla, a lo cual no nos negamos.

El guerrero Zeril, fue el primero en lanzarse al combate, tratando de golpear al no-muerto con su espadón. Este lo esquivo velozmente, y le propinó un corte superficial a lo largo de la espalda del guerrero. Aprovechando la distracción generada, rápidamente me lancé a la batalla, intentando golpear al muerto vivo con mi maza, que es una de las mejores armas para combatir a este tipo de criaturas. Sin embargo, rebotó en la armadura de placas, siendo esta muy dura, para mi sorpresa. El contra-ataque del enemigo no se hizo esperar. Se giró e intentó golpearme con su enorme espadón, pero logré saltar hacia atrás y realizar una pirueta en el aire para esquivarlo. Golpeó la columna que se encontraba junto a él, haciendo temblar el lugar. Sin dudas era un oponente muy fuerte. El mismo erinita que soportó los rayos, intentó embestir a la bestia, lo cual logró, debilitando la armadura de esta en el pecho. Nuevamente aproveché la ocasión para golpearlo, esta vez de frente, ya que su armadura era más débil allí. La maza se incrustó en su pecho, pero el muerto vivo soportó la magia de muerte que imbuye mi arma, ante lo cual me sorprendí: era más fuerte de lo que esperaba. Alrran le lanzó unas luces bastante inofensivas a primera vista, pero que rápidamente me di cuenta de que lo debilitaron aún más. El guerrero finalizó el trabajo con un traicionero golpe de su espadón por la espalda, rindiéndose así el no-muerto.

Nos dijo que el traidor había sido Necros. Que por él perdieron la batalla… no me sorprendió, puesto que sé que Necros solo vela por su propia existencia. De hecho yo no estoy ayudándolo para salvarlo a él, sino que lo hago para detener el avance no-muerto, porque si llegaran a Berekost… todo estaría perdido.

Finalmente, recogió su espadón, y se aproximó al gran vacío que se encontraba bajo los puentes de la cripta. Sin embargo, al estar yo observando su caída, me percaté de que desapareció en el aire, nunca cayó. El maldito nos engañó, salvando su vida antes de que yo pudiera darle el golpe final.

Divisamos un portal al final de la cripta, el cual al cruzarlo nos llevó de regreso a Fantasía, de donde fuimos extraídos en primera instancia. Sobrevivimos a la venganza que se intentó darnos, pero estoy bastante seguro de que no será el único intento de acabar con nosotros.

Rezo a Enigma para que me oculte de los males, y me dé la fortaleza de sobrepasarlos como sea.
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MensajeTema: Re: Diario de un Bandido. (Danarek Raveen).   Sáb Mar 03, 2012 4:08 am

*A continuación de los extensos relatos, se encuentra dibujada en una de las páginas una especie de mapa de fantasía, bastante simple, donde se indica el poblado en el centro, y las distintas zonas: Verano al norte, Invierno al sur, Primavera al este y Otoño al oeste. Primavera e Invierno se encuentran marcadas con cruces. Bajo el mapa, puede leerse el comienzo de un nuevo relato, aunque este es breve en comparación.*

Definitivamente acabamos de perder la zona de Invierno, y ya sabemos que Primavera es prácticamente intransitable.

La fábrica de golems está ocupada por un grupo numeroso de no-muertos bastante bien armados con armaduras, espadas, escudos e incluso arcos. Arribaron con barcos en la fábrica debido a los ríos subterráneos. Además, junto a los muertos vivientes, mercenarios humanos ocupan el lugar. Acarrean cajas de un lado a otro, aparentemente se están armando y muy bien.

Tengo esta información porque yo mismo, junto con el grupo habitual, Alrran, Zeril y Niga, exploramos esa zona luego de que yo lo propusiera, ya que estábamos recibiendo muchos ataques por sorpresa por quedarnos sentados a esperar.

Finalmente decidimos que ya era hora de reunir mínimamente a las ciudades neutrales, como ser Lindelea, Eloräh y Gorlond, para la batalla que se avecina. El concilio será una buena excusa para exponer el tema y resolverlo de una vez por todas, ya que los mandatarios de todas las facciones y ciudades independientes se reunirán allí.

Habrá que ser convincentes.
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MensajeTema: Re: Diario de un Bandido. (Danarek Raveen).   Dom Mar 04, 2012 7:58 am

Diario de un Bandido, Erradicando demonios.


Esta vez, enfrenté un problema distinto al ataque y avance de los no-muertos en Fantasía.

El ingeniero Adams requería ayuda para eliminar una fuente de magia que parecía interferir incluso en el controlador de estaciones de Fantasía, o como sea que se llame esa cosa que se encuentra en el centro del poblado gnomo. Ofreció recompensa, así que no me negué.

El alado gnomo nos acompañó a mí y al numeroso grupo de serenitas, e incluso una erinita, hasta el barco que nos llevaría a los yermos de Cashira, lugar donde se encontraba aquella interferencia.

Recorriendo el desierto, que de hecho yo alguna vez había estado allí, no tardamos mucho en toparnos con bandidos y gárgolas, con los cuales fuimos acabando a medida que nuestras pisadas se adentraban más y más en aquellos desolados yermos.

Finalmente, llegamos a las inmediaciones de una pirámide, donde pudimos percatarnos de muchos cadáveres y sangre adornando el suelo. Todos vestían de la misma forma que los asaltantes del camino, y las heridas que presentaban eran, aparentemente, producidas por algún ser con garras enormes.

Al adentrarnos en la mencionada pirámide, pudimos percatarnos de que varios arcanos estaban efectuando algún tipo de invocación, creando alguna especie de portal, de la cual surgió un demonio, bastante parecido a las gárgolas, pero más grande y con aspecto bastante más aterrador.

Me oculté tras una de las columnas de la pirámide, mientras observaba el combate: Niga, la semiorca berekostita que está bajo mi mando, distrajo al demonio, luchando con él, mientras el serenita Alrran intentaba cerrar el portal, aplicando sus conocimientos sobre la magia. Pero, de repente, dos extrañas criaturas salieron de la profundidad de la pirámide y cargaron contra Niga, quien huyó por su vida. Dichas criaturas atacaron al arcano, hiriéndolo de gravedad, hasta que un guerrero serenita también, llamado Kenji, acudió en su ayuda y acabó con aquellas bestias. Luego, hizo lo mismo con el demonio, mientras que un pequeño que nos acompañó durante todo el viaje, increíblemente logró cerrar el portal.

Luego del éxito de la misión, en la cual no intervine prácticamente, más que para esconderme y ver, regresamos a la isla Fantasía para cobrar la recompensa.

No hay nada como obtener oro sin haber hecho prácticamente nada a cambio.
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