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 Angrod Canción de Acero

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Angrod

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MensajeTema: Angrod Canción de Acero   Jue Ene 07, 2010 2:48 am

Capítulo I - Angrod Tasartir y La Hermandad del Cuervo

La tienda de campaña era amplia y oscura, una cálida y densa atmósfera, mezclada con el olor de los inciensos que gustaba quemar al dueño, la impregnaban.
-¿Señor?- El soldado avanzaba a tientas, procurando no tropezarse con nada. Al poco, sus ojos se acostumbraron a la penumbra: La tienda tenía algunos muebles y diversos objetos se hallaban distribuidos por doquier. Armas, piezas de orfebrería, sacos de comida, bebidas…también había varios libros en una mesa cercana.
-¿Canción de Acero?- mientras seguía a tientas en la oscuridad.

Su olfato captó algo, un olor familiar, se giró y alcanzó a ver los brazos de humo que parecían llamarlo desde una esquina de la tienda. Al avanzar unos pasos alcanzó a distinguirlo.
El hombre se hallaba entre un montón de cojines y mantas, sus piernas estaban entrelazadas con las de una mujer que dormía profundamente. De él sólo se veía la mitad superior del cuerpo. Su cabeza estaba vagamente ladeada hacia él mientras lo observaba con tranquilidad y daba una calada a una arguila de su vera.
-Mi señor…- dijo dubitativo el soldado.
-Hacéis mucho ruido… ¿Tan importante es?- dijo el hombre con un deje de sorna en su voz, dejando el trasto de lado.
- Eso…eso creo señor…ellos están aquí…el grande quiere verlo…lo ha retado.
Un suspiro y una leve risa es lo único que oye durante unos segundos. El hombre se levanta apartando a la mujer con cuidado y aparta una parte de la tienda a modo de ventana.
La luz ilumina su cuerpo desnudo, atlético y fibroso, sin embargo lo que más llama la atención es su cabellera roja oscura, la cual decían algunos, se la teñía con la sangre de sus enemigos. Y las múltiples cicatrices distribuidas por su cuerpo. Mira al cielo, suspira, se rasca la nuca y se vuelve.
-Diles que saldré en breve- es su única respuesta antes de dirigirse a la otra esquina de la tienda.
El soldado asiente y obedece

Fuera de la tienda, una leve neblina matinal cubría el campamento, la mañana era fría y en los árboles las hojas estaban heladas por la lluvia de la noche anterior.
Un grupo de hombres estaban a unos cuantos metros de la tienda cuando el pelirrojo salió vestido con una simple armadura de cuero con refuerzos metálicos en algunas partes y abrigado con una larga gabardina de piel.
-¿Qué queréis de mi?-Dijo irguiéndose al salir de la tienda y mirando al grupo de hermanos que tenía delante. Hermanos, así los hacían llamarse entre ellos, pero todos sabían que entre las distintas facciones de la compañía a la que pertenecían, no había sentimiento alguno de hermandad. Como mucho, el sentido de la supervivencia cuando se veían abandonados a las armas del enemigo y no había otra forma de salir que luchar hombro con hombro.

Tres facciones componían La Hermandad del Cuervo, el nombre venía por el rastro de cuervos que dejaban allá donde iban. La elfa, donde sólo eran aceptados miembros de raza élfica pura, la humana, del mismo estilo, y la híbrida donde iban a parar todos los otros miembros de la compañía de otras razas o mezcla de sangre.
Nuestro pelirrojo es el segundo al mando de ésta última facción, su nombre es Angrod Tasartir, semielfo a las órdenes Bas-Ohn Koraf , llamado "Kof", minotauro y jefe de la facción híbrida.

-Tu sangre, sucio híbrido- la respuesta fue clara, su interlocutor era un hombre de extraordinarias dimensiones que daba un paso adelante mientras cogía un hacha de su cinto con una mano y con la otra cogía una maza.
Angrod suspiró y negó con la cabeza.
-A tres hermanos tuyos he llevado a la muerte… ¿No habéis aprendido? Os recuerdo que todo esto fue culpa del primero al que maté… No debió haber atacado a nuestro hermano, además en un par de días nos moveremos para atacar la fortaleza esa…el capitán se enfadará si seguimos matándonos entre nosotros…o más bien si continuo matándoos…-terminó con una burlona sonrisa, mientras desviaba la mirada a unos árboles donde un grupo de cuervos presagiaban el funesto final de uno de los combatientes.
El hombretón avanzó hacia él enarbolando las armas y descargó con ambos brazos un fiero ataque, aunque tarde, pues el semielfo, ágil como un gato, los esquivó a tiempo que se libraba de su gabardina y desenfundaba una espada larga y otra corta y curva.
El hombretón cargó con ferocidad, y Angrod volvió a esquivarlo, los ataques se sucedieron así durante un rato , Angrod danzaba alrededor del hombretón esquivando sus poderosos ataques y de vez en cuando lanzaba algún tajo corto y preciso que si bien no hacían mucho daño, enfurecían más y más al gigante.
- ¡Híbrido de mierda! ¡Maricón! Ven a mí – dijo el gigante entre resoplidos.
Una ligera sonrisa y un nuevo tajo fueron las respuestas del semielfo que cada vez se movía más rápido. Parecía seguir los pasos de un frenético baile entorno a su oponente.
Sin embargo lo que más llamaba la atención de su forma de combatir, no eran sus piruetas, ni la velocidad a la que esquivaba los ataques de su contrario, mientras todo esto sucedía, Angrod silbaba, silbaba una melodía pegadiza y simple, una cualquiera, pero silbaba como si paseara por un camino silvestre un día de primera, lo que enfurecía más aún al guerrero. De ahí venía su sobrenombre, Canción de Acero

Por fin, en un tropiezo del hombretón, Angrod se escurrió entre sus brazos poniéndose cara a cara con él y deslizó una de sus espadas por su vientre y haciendo con la otra un pequeño pero profundo corte en el cuello, por el cual empezó a manar sangre rápidamente. El cansancio, la sorpresa y el dolor se reflejaron en el rostro del gigante al tiempo que Angrod apartaba su cuerpo inerme de una patada y extraía las espadas de su cuerpo. El hombre cayó sentándose y rendido al suelo, miró una última vez a su verdugo con ojos de odio y cayó de espaldas exhalando su último aliento.
Angrod se incorporó y miró al grupo de hombres que observaban indecisos la escena.
- ¿Habéis tenido suficiente? No quiero seguir ensuciándome las manos con vosotros.Ningún híbrido os molestará si no nos molestáis...somos una compañía y en dos días tendremos que luchar codo con codo…mejor será que nos llevemos bien…-dijo Angrod mirando a los ojos a los hombres que lo miraban ahora con cierto respeto. Algunos asintieron, otros dijeron algo, pero todos se alejaron en silencio.
Varios híbridos habían contemplado el combate, uno de ellos le acercó su abrigo.
-He de confesar que los hombres son más listos que los elfos…a ellos les costó seis elfos comprender que no deben atacarnos….idiotas elitistas…necesito un trago- dijo al soldado que le acercó la gabardina con un deje irónico.
En ese momento los cuervos descendían sobre el cadáver del hombre que yacía en el suelo ensangrentado.
<<No se pierden ni una…>>Pensó Angrod mientras se alejaba con sus hombres


Última edición por Mesrad el Mar Feb 09, 2010 4:14 am, editado 1 vez
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Angrod

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MensajeTema: Re: Angrod Canción de Acero   Lun Ene 11, 2010 12:16 pm

Capítulo II - Acero, fuego, sangre y gloria.

Era media noche, el frío calaba los huevos y una fina llovizna caía del cielo, las pocas estrellas que se veían entre las nubes y una luna perezosa eran la poca luz que les permitía distinguirse en la oscuridad, más adelante divisaron las formas del castillo por sus tenues luces de hogueras en torres y murallas. No iba a ser fácil.

El castillo se hallaba rodeado de un foso y sólo dos puentes levadizos permitían la entrada en él. Las murallas eran sólidas, pero no disponían de grandes máquinas de asedio y no podrían usar arietes. La fortaleza tenía forma cuadrada y en cada esquina, una gran torre vigilaba las cercanías, dentro sólidos edificios de piedra y en el centro, la gran torre del homenaje.
No sabían bien cómo atacarían esas pétreas defensas, pero sus dudas quedaron despejadas al volver al campamento tras la ronda de reconocimiento.
Dos grupos serían enviados a sabotear los puentes levadizos y abrir las puertas desde dentro. Los grupos ya habían sido elegidos y Angrod tuvo poco que decir. Él dirigiría un grupo formado por cuatro de sus hombres, dos enanos, un cambiante y un gnomo, dos elfos y cuatro hombres.

Cada equipo se dirigió aún amparado por la oscuridad de la noche a un puente, cruzaron el río como mejor pudieron, y con garfios subieron los gruesos muros de piedra.
En un momento dado Angrod tuvo miedo de ser descubiertos, pero para bien o para mal, los otros fueron descubiertos antes y atrajeron las miradas de los guardias, que se apresuraron a acudir a la otra parte de la muralla.
Aprovecharon el momento para caer sobre el par de guardias que quedaban y se apresuraron a hacer su señal. Acto seguido fueron a los mecanismos de las puertas y con pequeños explosivos fabricados por sus enanos, reventaron el sistema de poleas que cedió con facilidad al peso del gran puente de madera que cayó en cuestión de segundos provocando un fortísimo estruendo. Pero para entonces ya habían sido avistados y docenas de guardias corrían hacia ellos y alguna que otra flecha silbaba sobre sus cabezas.
Tan rápido como les fue posible volvieron a subir a la muralla, aunque uno de sus hombres se quedó en el camino, allí los esperaban con espadas y escudos listos varios guerreros y otros iban llegando, Angrod atrancó la puerta de subida y se unió al combate. Danzaba entre sus enemigos repartiendo tajos a diestro y siniestro, mientras sus compañeros se debatían con otros o remataban a los que él dejaba. No supo decir cuanto tiempo se llevaron luchando, pero al final, llegó a sus oídos un sonido familiar, el cuerno de La Hermandad del Cuervo, sus hermanos habían llegado, al tiempo que sol asomaba por el horizonte, era una llegada gloriosa.
Vio como una marabunta de hombres luchaba en la plaza al deshacerse de su último oponente, la marea de capas azules de los soldados de la ciudad se confundía con las figuras de color parduzco que luchaban por toda la ciudad, los destellos de las armas y su sonido metálico, los alaridos y el olor a sangre y fuego, fueron pronto los que predominaron sobre los otros.

Angrod se unió a su facción, le dieron la bienvenida con un rugido, algunos de sus hombres gritaron " Canción de Acero" al tiempo que luchaban. De su equipo habían caído los cuatro hombres, un elfo y un enano, no era un mal balance pensó al ver la sonrisa de Kof al tiempo que este embestía a un grupo de soldados desprevenidos. La batalla avanzaba favorable y en pocas horas habían sometido más de la mitad de la ciudad, cuando el sol estuvo en lo más alto, sonó la trompeta de la rendición, el sonido de la victoria seguido del clamor de los valientes distribuidos por toda la ciudad.
A partir de ese momento, sólo tuvieron que hacer prisioneros, el resto era para el señor que los contrató, La Hermandad del Cuervo, no mataba por placer, sólo cumplía órdenes.

Esa noche se festejó bajo los techos del enemigo, hidromiel, cerveza y vino corrieron a caudales de las bodegas del defensor, así como ternera, cerdo y cordero.
No habían sufrido grandes bajas, aunque si algún que otro amigo, por los que se brindó al comienzo del banquete.
La noche fue larga y dorada y todos durmieron plácidamente.


Última edición por Mesrad el Mar Ene 26, 2010 3:38 am, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: Angrod Canción de Acero   Lun Ene 11, 2010 12:40 pm

Muy chula, tienes puntitos
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MensajeTema: Re: Angrod Canción de Acero   Mar Ene 26, 2010 4:02 am

Capítulo III – Un brusco despertar

Los primeros rayos de luz entraban por la ventana. El olor del vino, la carne refrita en miel, y el calor de la cama que encontró en una de las habitaciones de la torre del homenaje, dibujaron una tenue sonrisa cuando despertó, aun con los ojos cerrados.

Sin embargo su nirvana fue interrumpido por un olor muy familiar, sangre.
Aspiró el olor y agudizó el oído. No era el olor de la sangre reseca, ni de la sangre quemada de la noche anterior, era el olor metálico de la sangre nueva, sangre reciente, sus pensamientos se confirmaron cuando escuchó unos quejidos y el sonido de hojas desenvainadas en el piso de abajo.
Abrió los ojos bruscamente y se levantó de un salto, a su alrededor varios hermanos dormían desparramados sobre sillones, mesas y fardos. Rápida y silenciosamente, los fue despertando uno a uno y dándoles breves instrucciones, aun algo dormidos y ebrios, acataron en silencio, la experiencia les había enseñado a obedecer sin preguntar.

Unos quince hombres descendían al piso inferior oyendo cada vez más cerca y nítidamente los quejidos y últimos alaridos de hombres que eran despertados con una daga en las entrañas. Empezaron a oír las voces de algunos de sus hermanos que habían conseguido levantarse a tiempo y se debatían como podían con los asesinos, Angrod y sus hombres se acercaron a la habitación donde el combate se desarrollaba y vieron como apenas seis camaradas se debatían contra unos diez asesinos, rápidamente, se escurrieron entre ellos y por la espalda les acuchillaron sin ningun tipo de clemencia.

Angrod reconoció entre los asesinos a uno de los capitanes del ejercito asaltante de la noche anterior, era uno de sus aliados, aquello no pintaba bie. Apostó a sus hombres en las ventanas para que observaran y atrancaron las puertas al tiempo que buscaban supervivientes.
Lo que vieron por las ventanas no los tranquilizó, muchos de sus hermanos desfilaban maniatados por las calles de la ciudad escoltados por los hombres de Belfor (así se llamaba el desgraciado que los contrató y ahora los traicionaba).
También vieron un par de piras donde apilaban cuerpos sin vida de sus hermanos, había que salir de allí y rápido pensó Angrod al tiempo que distinguió la cornamenta de Kof en una de las piras.

A uno de sus hermanos, un joven de no más de diecisiete inviernos, se le ocurrió utilizar los pasillos de la servidumbre para llegar a las cocinas y poder salir de la torre. A medida que descendían por pasillos disimulados, el chico les explicó que hasta hacía poco él mismo había servido de mozo de cocinas en un castillo, y que los nobles habilitan ese tipo de pasillos para evitar tener que caminar junto a la servidumbre.

Consiguieron llegar a las cocinas, en ese momento desiertas, e incluso consiguieron salir de ellas sin ser vistos y anduvieron con mucho cuidado por las callejuelas de la ciudad, iban en grupos de cuatro o cinco para evitar ser vistos. Los sudores fríos y los nervios a flor de piel era cuanto percibían los unos de los otros, un paso en falso y serían descubiertos.
Pero la Tejedora tuvo a bien no joderlos y llegaron a las puertas de la ciudad, donde encontraron el gran problema. Aún no habían reparado los mecanismos de éstas, pero una fuerte guardia estaba apostada en ella.
No se podrían demorar mucho, pues patrullas de los hombres de Belfor seguían buscando Cuervos.
Angrod los miró.
- Señores, hasta aquí hemos llegado juntos, de ahora en adelante, pies en polvorosa. Esa puerta no la cruzaremos todos. Así que fuerza y valor y mandad a todo hideputa que os encontréis al infierno de mi parte.- dijo con una sonrisa lobuna.
- Cuervos, ¡A volar!- Dicho esto todos desenvainaron y salieron de la callejuela, irrumpiendo en la pequeña plazoleta dispuestos a cruzar a través de los guardias o a llevarse a cuantos fuera posible.
Con el caos momentáneo del ataque consiguieron abatir a muchos guardias y los que restaron murieron cobrándose a varios Cuervos, al tiempo que todos los que podían corrían por el puente como si les fuera la vida en ello. Y en verdad les iba.
Pero pronto se oyó el familiar silbido de las flechas a sus espaldas y el seco impacto de ellas en el cuerpo del vecino.
- ¡Corred en zigzag!- Exclamaba Angrod que, con su agilidad y velocidad características, esquivaba todas las flechas dirigidas a él.
No todos tuvieron su pericia, pero se contentó al comprobar que más de una docena de hombres habían conseguido llegar al linde del bosque, a salvo por el momento.


Última edición por Mesrad el Mar Feb 09, 2010 4:09 am, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: Angrod Canción de Acero   Mar Feb 09, 2010 4:07 am

Capítulo IV Huida y despedida.

El grupo avanzaba por el bosque en una carrera sin descanso, pues habían mandado patrullas en su busca. A alguna que otra le tendieron emboscadas, pero tuvieron que dejar de hacerlas, en tres días habían perdido cuatro hombres, dos murieron malheridos, otro en combate y dos enanos que no estaban avezados a moverse por el bosque, cayeron bajo las flechas de los captores.

Restaban dos semiorcos, tres hombres y cuatro semielfos contando al propio Angrod. Por las mañanas trataban de avanzar un poco, pero haciendo el mínimo ruido posible, y por las noches, corrían sin descanso, aprovechando la buena visión en la penumbra de los semielfos y semiorcos. Pasados varios días llegaron a un pequeño pueblo bárbaro, Asgath. Estaban seguros de que les habían perdido el rastro.

El cansado grupo se hospedó en la posada y devoraron con ferocidad la comida. En cuatro días no habían comido nada decente.
Cuando terminaron, se miraron en silencio entorno a la chimenea de la posada. Estaban perdidos y la mayoría de sus posesiones estaban en el campamento de la Hermandad.

Angrod los miró.
Señores…hasta aquí hemos llegado juntos…pero sería más conveniente separarnos…tal vez nos busquen…o lleguen noticias de un grupo de fugitivos…-cabeceo pensativo.- Seremos los últimos cuervos…volad a vuestros hogares o donde deseéis…allí donde no os conozcan…y si nos volvemos a encontrar, beberemos por los cuervos caídos…hasta ese día…-Alzó su copa.- Por los que caen antes del entrechocar del acero, por los que mueren por defender a un hermano, por los que no regresan nunca. Bebed Hermanos!! – Su oración era bien conocida en las hogueras después de las batallas, no era un rezo a ningún Dios, era un último adiós a los hermanos que morían. Enaltecía sus corazones y les henchía el orgullo de poder brindar, una vez más.
-POR LOS CUERVOS!! –Tronaron al unísono los valientes supervivientes.

Esa noche se despidieron, quién sabía si se volverían a ver.
A la mañana siguiente, Angrod se levantó con los primeros rayos del sol y salió de la posada, no podía pasar mucho tiempo allí.
A las puertas del pueblo, vio a un mercader al que compró con algo de "persuasión" una guitarra, era de las pocas cosas que se llevó de su hogar cuando partió muchos años atrás, y caminó sin rumbo, por los senderos que años atrás había recorrido una y mil veces. A veces pensaba que había recorrido Eternia entera, pero bien sabía que aún le quedaba continente por recorrer.
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MensajeTema: Re: Angrod Canción de Acero   Sáb Feb 13, 2010 10:49 am

Muchas gracias tio, obtienes puntos de experciencia.
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MensajeTema: Re: Angrod Canción de Acero   Miér Mar 03, 2010 8:34 am

Capítulo V – Llegada a Serena.


Tras un año deambulando por toda Eternia, sus pasos lo condujeron a una ciudad que hacía años no visitaba. Serena.
La ciudad había cambiado poco en diez años, sus tétricos edificios, desafiaban al cielo coronados con cuernos y salientes, la ciudad gris era tranquila, y sus gentes, aunque no muy simpáticas en general, eran hospitalarias.
Pasó varios días recordando la ciudad y los alrededores; su puerto, sus bosques y su cementerio donde yacían un par de hermanos allí nacidos.

Tras unos días, conoció en la plaza a un curioso, por llamarlo de alguna forma, personaje. Su nombre era Melkior, y decía ser un clérigo. Rara vez lo encontraba fuera de su banco y se burlaba de él, invitándolo a conocer más mundo, también le llamó la atención el que nunca se quitara su armadura ni su casco en ninguna ocasión parecía llevarlos pegados al cuerpo. Sin embargo, a pesar de las burlas, no mal intencionadas, el clérigo nunca se inmutó, es más, decía no entender muchas de ellas, que cualquier niño entendería perfectamente. Angrod dudaba seriamente si era retrasado o simplemente acababa de salir de su casa tras haber sido recluido entre cuatro paredes durante toda su vida. No obstante no le caía tan mal.

Una de las cosas que le agradaba a Angrod de Serena era que al ser una de las grandes villas de la zona, si no la que más. Era que traía mucho comercio y pintorescos personajes, le dio curiosidad ver a varios semidragones. Raros incluso en su facción híbrida, y aunque la mayoría no parecían guerreros, sabía perfectamente que había tener mucho tiento en molestarles. Cele Ma’fer, y uno que hacía llamarse el Bardo, así como un oscuro semidragón, al que descubrió observando su pesada cola, llamado Mesrad, fueron con los que más relación trabó. Aunque éste último se molestó bastante al ser descubierto, ya que ni siquiera mostró su rostro, y apenas lo vio un par de veces.
<Un tipo raro…> pensó.

En Serena también conoció al que con tiempo se conoció en un buen amigo y socio, Johan Scarlet, quien intrigaba a Angrod, porque intuía que era más de lo que parecía; un charlatán de medio pelo y modelitos ridículos. Sin embargo era simpático y ocurrente y se vio envuelto con él en varias aventuras, una de ellas, se estaba alargando demasiado. La búsqueda del imperio de Ildemort y sus reliquias.

Lo que empezaría siendo un recado estúpido para un anciano senil, pronto se convirtió en una trepidante búsqueda de diversos objetos extraños y mágicos, que siempre precisaban de uno más. A Angrod no le hacía mucha gracia al principio, pero se terminó mentalizando debido a los peligros que encerraba la misión. Fueron conscientes de que un mal pretendía resurgir para destruir y dominar todo.
Muchos aventureros y mercenarios se sumaron gustosos a la misión, sobretodo los ávidos de dinero, pocas luces y menos escrúpulos, como Earil, Sasaki o Hand.

Su confianza en el último se perdió, cuando un día lo descubrió atacando a sangre fría a dos hombres venidos de las tierras del este, que visitara él mismo hacía tantos años ya. Pues a pesar de su aspecto joven, de no más de 30 años, Angrod ya contaba casi con medio siglo de existencia, bastante joven para un semielfo, pero bastante viejo para un hombre.

Los extranjeros, tras salvarlos él mismo de los kukris de Hand, se presentaron como Juro y Kyouji y trabó amistad rápidamente con ellos, tanto que le acompañaron desde entonces, incluso en las misiones que el viejo loco les encomendaba cada cierto tiempo. Siempre que conseguía desvelar o traducir un secreto del libro que le entregaron al finalizar el primer encargo.
A medida que pasaba el tiempo, iba teniendo más relación con los orientales, hasta el punto que en un momento dado, Kyouji, se ofreció a estar a sus órdenes, como samurai su principal era servir a un señor. Angrod aceptó honrado y empezó a fantasear con volver a montar una compañía, distinta tal vez, pero desde luego formar una.
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Angrod

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MensajeTema: Re: Angrod Canción de Acero   Miér Mar 03, 2010 8:53 am

Capítulo VI – Vida en Serena


Poco a poco Angrod, empezaba a mezclarse con los habitantes y con los que le rodeaban, y de nuevo se empezaba a labrar un nombre, aunque ya no sería Canción de Acero, y eso, le dolía reconocerlo.
Los días en Serena eran animados e interesantes, aunque su tranquilidad se veía alterada con los episodios de las búsquedas del viejo, que terminó por presentarse como Jefté.

Las búsquedas empezaron a ser más peligrosas, y sus propias vidas corrieron peligro en mas de una ocasión. Angrod trataba de organizar a los aventureros con sus dotes de mando y poco a poco, se hacía respetar, los aventureros lo escuchaban y gracias en parte a su dirección, consiguieron salvar muchos peligros de los lugares a los que iban; un tétrico páramo donde fueron atacados por espíritus malignos y sometidos a varias pruebas, varias incursiones en cuevas y extraños lugares en busca de información o pistas…sin embargo, lo que más preocupaba a Angrod, eran las constantes visiones que sufrían cada vez que encontraban una nueva pista, según Jefté con cada nueva visión, sus mentes viajaban a un lejano pasado y veían diferentes situaciones de un grupo rebelde de Ildemort, que pretendía derrocar al tiránico gobierno que había tomado el control. Sus dirigentes, un noble llamado Eneras y un poderosísimo arcano, que fue encerrado por el propio gobierno de Ildemort tan solo por temor a su poder, llamado Sent.
Sin embargo, las visiones eran confusas ya que no dominaban al completo lo que sucedía y se desvanecían repentinamente, como llegaban. Así que siempre volvían con la información al anciano, que interpretaba que sucedía y les aclaraba lo que podía.

En una de aquellas aventuras, Johan, le propuso a Angrod, un peligroso plan; hacerse con el control de las legiones muertas de Ildemort, convirtiéndose seguramente así, en la fuerza militar más potente sobre Eternia…
A Angrod no le hacía mucha gracia confraternizar con la muerte de entrada, pero perro viejo, sabía que llegado el caso, era mejor estar en su bando, además de que Johan le aseguró que le haría falta un líder que dirigiera a sus legiones. De entrada, aceptó.

Una de las tareas que Johan le encargó a su vez, fue reclutar hombres para el ejército.
Angrod decidió que los reclutaría, pero que esos hombres, serían suyos, no se fiaba de la nigromancia ni de los muertos que andaban.
Durante varios días trabó amistades y empezó a reclutar a algunos hombres para su grupo. Kyouji por supuesto, era su mano derecha, aunque tenía ciertas dudas sobre que quisiera seguirlo en el caso que obtuvieran el control de la legión. Kyouji era un hombre muy aferrado a los férreos principios del Bushido, que seguía ortodoxamente.
<De cualquier forma, el tiempo decidirá>…pensó mientras caminaba en dirección a la posada.

En los días siguientes, bien entorno a una mesa y jarras de cerveza, bien en la arena fue fijando sus objetivos. Sumó a su causa al gran Stan Colt, un hombre impulsivo y testarudo, era ruidoso y bruto, pero era divertido y bonachón y siempre estaba dispuesto a cuan bien blandía su espadón.También sumó a Orson, un mediano de sobrenombre El Ágil, era intrépido y valiente para ser un mediano, y lo suficientemente escurridizo. Sería muy útil.Y por supuesto Juro, el inseparable amigo de Kyouji. El modesto grupo, era bastante homogéneo, ya que todos tenían una relación cordial y en más de una ocasión habían cuidado los unos de los otros.
Al mismo tiempo, trabó más relación con Johan y sus amistades, conociendo mejor a Alaistter, al omnipresente Bardo, a la bella Xara y al bardo Jasper Reyer, que gustaba revolotear entorno a Johan y tenía un desmesurado amor al fuego.
Angrod abrio su habitación en la posada, la atmósfera cálida le recibió como un suave abrazo, se deshizo de sus armas y bebió algo de vino especiado. Sonrió satisfecho.
<La cosa anda bien....esta noche, me permitiré algo de compañia...> pensó mientras ataba un saquito tintineante de cuero a su cinto, tomaba su abrigo y salía de la posada en busca de alguien.

Capítulo VII - El imperio de Ildemort
( I )

Todo parecía ir viento en popa, sus hombres eran fieles y fiables, y Jefté les había asegurado que en breve tendría traducido el siguiente fragmento del diaro, Angrod caminaba con ligera sonrisa por as calles desierta de aquella tarde gris de otoño por las calles empedrdas de Serena. Estaba empezando a preguntarse dónde podrían estar todos, cuando se encontró al viejo Jefté, que le apremió a seguirle al cementerio. Angrod nunca llegó a confiar en el anciano, pero le pareció paranoico desconfiar de él, probablemente los demás, estarían allí.< Ya era hora...>
Pero cuan fue su sorpresa, cuando al entrar en el cementerio, y girar una esquina, apenas alcanzó a entender como el viejo y un extraño con vistosas vestiduras, intercambiaban unas palabras y ver, como éste último le lanzaba un conjuro con el que todo se volvió oscuridad.
El tiempo se paró. Se sentía liviano, etéreo, y de la oscuridad surgió una figura, y poco a poco, una estancia y mas figuras que se fueron definiendo como unos mercenarios que contrataron años atrás, los rebeldes de Ildemort. La principal figura, era Sent. De nuevo estaba en las visiones, no entendía nada, pero dejó que todo se desarrollara, creyendo saber cual era el final de la historia. Pero para su sorpresa, llegado el momento, la visión no se interrumpió, sino que continuó proporcionándole información que desconocía. Sin embargo, lo que más e sorprendió, fue cuando el mismísimo Sent, se giró y lo miró a él y le habló.
A partir de ese momento, empezó a viajar por todas las visiones que habían tenido y completando las partes donde se habían interrumpido, todo empezaba a cobrar más sentido, añadiendo a eso, el detalle de que cada cierto tiempo, Sent y el mismo Eneras le hablaban. Angrod no entendía nada de aquella situación, y hacía largo tiempo que había olvidado que probablemente, yacía sin sentido en el algún sitio desconocido, pero aquello poco importaba, sus dudas estaban siendo despejadas.
En la última visión, Eneras, Sent y el guardián de Eneras, miembro de la inerte y antigua Legión se dirigieron a él, y ante su petición, juró que les ayudaría y que el imperio no volverá a levantarse. Su Lucha no sería en vano.

//Agradecería a Hiho, que revisara esta última parte, por si me he equivocado en algo, que hace más de un mes de ese rol xD
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- DM Ansia -

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MensajeTema: Re: Angrod Canción de Acero   Miér Mar 10, 2010 2:32 pm

Lo prometido es deuda.. Y más vale tarde que nunca. XD

*Simplemente aplaude*

A cada trozo que escribes, mejor.

Y que hayas nombrado en tu historia a muchos de tus compañeros de juego, demuestra muchas cosas...

A la espera de próximas entregas me quedo. Wink
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Angrod

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MensajeTema: Re: Angrod Canción de Acero   Vie Mar 19, 2010 9:11 am

Capítulo VI – El Imperio de Ildemort (II)

Cuando abrió los ojos, estaba tumbado boca arriba en uno de los bancos del templo.
No recordaba nada, ni cómo había llegado allí ni donde habían ido a parar los demás. Tan sólo sabía una cosa, tenía que encontrar al maldito anciano Jefté y aclarar todo esto, no sabía si era un traidor o él mismo le había mandado a esas visiones, aunque dudaba seriamente de esta última opción.
Sin embargo, cuando lo fue a buscar, se llevó una nefasta sorpresa.; El anciano Jefté había sido asesinado. Acudió al lugar rápidamente, y con un pequeño soborno, consiguió que el guardia de turno le dejara pasar.
La habitación estaba completamente llena de sangre, los restos de Jefté no estaban, pero se veía que había sido brutalmente asesinado. Registró el lugar, y se llevó una sorpresa al ver palabras escritas en el techo en forma de profecía. También encontró un papel con unos pocos datos de los mercenarios de Sent. El siguiente paso, sería encontrarlos a ellos o a las reliquias.

Cuando salió del templo, se encontró con Kyouji, y Juro, quienes le informaron de que había sido secuestrado por Dalal, y llevado a su guarida, de donde ellos mismos, junto con la ayuda de otros tantos como Johan, el Bardo, Orson o Hand, le habían rescatado.
Angrod empezó a comprender cómo Jefté había ido jugando sus cartas, aunque aún quedaba mucho por hacer y más aun por descubrir.
Sin embargo, esta vez, sería él mismo quien organizaría la búsqueda, había mucho trabajo que hacer.

Pasó semanas buscando en la biblioteca de Serena, así como pidiendo ayuda al párroco del templo, sin embargo poco sacó en claro, los datos eran contradictorios a veces y no sabía tanto de los tiempos antiguos como el maldito anciano.
-Mal momento elegiste para que te asesinaran hideputa….con gusto te hubiera matado yo…después de haberte sacado todo…-murmuró amargamente, mientras cerraba el último tomo que había encontrado y leído, sin ningún resultado productivo. Nunca había sido un ratón de biblioteca, y por mucho empeño que había puesto, sus infructuosos resultados, le invitaron a tomárselo con algo de más calma. Tan sólo le quedaba aguardar al siguiente movimiento del que orquestara el maquiavélico plan, y responder como pudiera.
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Angrod

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MensajeTema: Re: Angrod Canción de Acero   Jue Mar 25, 2010 9:16 am

Capítulo VII – El Licántropo.

La noche había sido larga y había conocido a varios nuevos camaradas como Alice y Rydia, dos curiosas arcanas presentadas por Kyouji, con las que fue trabando gran amistad con el paso de los días. Alice era joven, tímida y cortés, pero una poderosa mente bullía en su interior, comedida y observadora, a Angrod le sugería la típica maga…Rydia sin embargo era más peculiar, mujer fuerte de carácter, rápida de mente y lengua afilada, poseía el temperamento de una tabernera, con el ingenio y el poder propio de los arcanos, como fue comprobando a medida que la conoció.
Sin embargo esa noche no se sentía cómodo en la taberna, y después de dedicar un par de piezas con la guitarra que el posadero le guardaba, se despidió y salió de la ciudad, necesitaba despejarse.

El aire era frío, paseaba bajo los mortecinos árboles de una noche sin estrellas, alumbrando sus pasos tan sólo con el resplandor de la madre de los sueños, la luna llena.
Los robles extendían sus garras nervudas, llenas de hojas, casi queriéndolo retener. La hierba, cubierta por la fina capa de rocío, apenas emitía ruido cuando la pisaba.
Caminaba por el bosque sumido en sus pensamientos, últimamente gustaba hacerlo para pensar. Las visiones de Sent...Ildemort…la muerte de Jefté. Jefté, su traidor, había muerto a manos de algún misterioso asesino, que no había dejado mucho rastro, apenas si conservaba el fragmento de papel de un libro que encontró, donde le daba pistas sobre los mercenarios de Sent y poco más.
El negocio propuesto por Scarlet ya no pintaba tan bien, después de ver, de cuanto poder habían dispuesto en su momento, no estaba seguro de que Johan pudiera controlarlos...pretendía hacerse con el control de la legión muerta de Ildemort, y con ella conseguir poder. Pero si se daba el caso, mejor en su bando que en ninguna parte…tenía que tomar una decisión, y ya es había jurado a Sent y a los otros impedir que Ildemort resurgiera…aunque la propuesta de Johan no contradecía lo primero…

Andaba sopesando las posibilidades, cuando en el silencio de la noche, oyó un crujido. Se paró alerta, más por instinto que por pensarlo, y cuando iba a dar el siguiente paso, lo oyó claramente; un gruñido grave, profundo y amenazante, el sonido de un depredador.
Suspiro y lentamente miró a su alrededor, al tiempo que se llevaba la mano al mango de una de sus espadas. Estaba algo tenso, pues si bien era cierto que en ese bosque de robles, había pequeños grupos trasgos montados a lomos de huargos, que asaltaban a los viajeros, el timbre de los huangos era más agudo.
Lentamente liberó su espada con el lento sonido metálico, a veces, eso solo bastaba para ahuyentar algunas bestias, pero con ésta, no fue así.
La notó más cerca, acechante. La bestia empezó a moverse, y si no fuera por sus agudísimos oído y vista, herencia de los elfos, no habría podido distinguir su forma en la pared rocosa, aunque hacerlo, no lo tranquilizó.

La bestia era grande y peluda, y se movía con la agilidad propia de una pantera,aunque bien poco tendría que ver con una. Al saberse vista, aceleró el paso, bajando la pared roca, directamente hacia él. Angrod, cogió el escudo que llevaba a la espalda, preparándose para lo que hiciera la bestia, ya había combatido a monstruos y aberraciones antes.
Sin embargo, cuando la bestia llegó a su altura y se irguió sobre sus patas traseras, un escalofrió que hacía años no sentía recorrió su espalda. Miedo.
La bestia era un licántropo, mitad hombre, mitad lobo. Era una de las bestias más poderosas y peligrosas que podían encontrarse. Emitió un gruñido familiar.
-Así que eras tu quien me acechó hace unas lunas en Fantasía…bien, no te negaré que tenía curiosidad- dijo al tiempo que retrocedía lentamente, tenía pocas posibilidades en un combate abierto, pensaba mientras amargamente recordaba un estoque de plata que le regaló el gran Kof cuando ascendió a segundo al mando y que perdió en su huida.

La bestia lo observaba en silencio, lo estudiaba. Y de repente, saltó hacia Angrod con una fuerza arrolladora. Gracias al escudo, el impacto simplemente lo lanzo varios metros despedido, pero por la fuerza de éste, su espada salió volando en otra dirección. Rápidamente, se incorporó y al ver que el licántropo se dirigía a él rápidamente, desenfundó una pesada daga y se la lanzó. El licántropo la esquivó rodando a un lado y saltó sobre él otra vez, esta vez intentado darle unos zarpazos.
Angrod se protegía con el escudo de los envites de la bestia, al tiempo que sacaba otra espada. Sin embargo, la bestia no era estúpida, cuando Angrod esperaba recibir otra embestida, esta se echó hacia un lado, desequilibrando a Angrod que había puesto todo su peso sobe el escudo para aguantar el golpe.
Con un zarpazo, la bestia le quitó el escudo a Angrod, que salió disparado varios metros, mientras el semielfo trataba de encontrar la estabilidad.
Desenfundó su última daga y su otra espada al tiempo que se posicionaba, lanzó algunos tajos a la bestia, que le rondaba de cerca entre gruñidos y con la pesada respiración.
Por un segundo se miraron a los ojos, todo se decidiría de un golpe. La bestia cargó sobre él al tiempo que Angrod con una mano trataba de clavarle la espada, que se desvió al dar en su brazo, apenas ocasionándole un ligero corte y con la otra, puso su daga a la altura de su cuello.
< Quizás me mates ahora, pero te llevaras un recuerdo mío cabrón…>


El impacto fue terrible, Angrod que derribado por la mole cayendo bajo él, olía el fétido aliento de la bestia y sentía como sus garras se habían clavado bajo su piel y vio como, en la oscuridad de la noche y a la luz de la luna llena, la bestia abría sus fauces, y estas descendían sobre su hombro derecho, mordiendo su pecho y el hombro por detrás, tal eran sus fauces. Con un grito desagarrado y sus últimas fuerzas, clavó la daga en el ojo que estaba a su altura mirándolo con una violencia virulenta.
En ese instante, la bestia soltó su presa con un rugido de dolor, cuando se incorporó retorciéndose, aun alcanzó a ver su daga clavada en la cuenca de su ojo izquierdo.
La bestia, loca de dolor, se alejó con el rabo entre las patas y aullidos de dolor, adentrándose en la oscuridad de la noche y el bosque.

Con un inmenso dolor que le quemaba todo el hombro, Angrod se levanto tambaleante y miró a su alrededor. Recogió y envainó sus dos espadas, pero dejó el escudo, pues pesaba mucho y tan solo quedaba un mazacote de hierro.
Con paso lento y lastimero se alejó, lo más rápido posible del bosque, saliendo a las afueras de Serena, no podía ir allí, pues ya sabía de buena tinta lo que les ocurría a los heridos por licántropos. Avanzó hasta unos troncos cercanos al río y allí se quitó sus vestiduras. La herida evidenciaba lo que había sucedido, la marca de la mandíbula, era inconfundible y aterradora.
Con lentitud, pero con la pericia de sus dotes como curandero, limpió la herida, que cada vez ardía más, y la vendó. El veneno del licántropo estaba dentro de él, y agitaba su cuerpo con espasmos de dolor. Se colocó una madera en la boca a modo de mordaza, se echó entre los troncos y pasó la noche entre espasmos y retorciéndose entre unos troncos, al lado de un río próximo a Serena. Nunca antes había experimentado tanto dolor.
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Angrod Canción de Acero
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